Sí al Estado Propio, no a las retallades

El issue independentista, que con habilidad introdujo el President Artur Mas en el centro del debate público en el momento de convocar elecciones, no le ha servido para recabar la excepcional mayoría que necesitaba. La estratégica colocación del debate sobre el Estado Propio en el centro de la campaña, ha causado, eso sí, la mayor participación que se recuerda en unas elecciones, del 69,5%, 9 puntos por encima de la media, una participación llegada desde los puntos más favorables al nuevo estado propuesto por CiU, pero también de los más radicales anti independentistas, una tendencia que es confirmada por el excepcional crecimiento de Ciutadans.

Pero este aumento en la participación no se ha traducido en un respaldo a CiU. El debate independentista no fue capaz de eclipsar el gran issue de la crisis, cristalizada en Catalunya en unas retallades que se han convertido en marca de la casa convergente, llegando a asegurar el President que, de tener mayoría parlamentaria como todo hacía presagiar, emprendería “la tercera oleada de recortes”. Bajo esa premisa, en las pasadas elecciones todos los partidos que crecieron se habían mostrado radicalmente contrarios a los recortes en partidas presupuestarias básicas. De los que se opusieron, solo cae el PSC, una bajada no tan abrupta como se esperaba y explicable debido a la profunda crisis interna en su partido matriz, el PSOE, y al nefasto recuerdo que el reciente gobierno tripartito que capitaneó dejó en los electores catalanes. Para terminar de marcar esta tendencia anti-retallades, el PP, una formación que tenía una clara perspectiva positiva debido a la polarización, en este caso de reacción unionista, tan solo ha aumentado un diputado y menos de 100.000 votos, dejando un flanco electoral abierto por donde se ha colado Ciutadans, cuyos dirigentes han sido el azote contra los recortes sociales de Mas desde las filas unionistas.

Gráfico independentistas

Gráfico según retallades

Si observamos los gráficos de crecimiento de cada uno de los dos grandes asuntos aireados en campaña, se observa que la irrupción del debate soberanista ha logrado definir a la mayoría de las formaciones que hace dos años no tenían una postura clara. Así, el independentismo ha crecido hasta llegar a los 74 diputados, mientras que el unionismo ha avanzado hasta los 58, 9 diputados más que hace dos años.

Más elocuente es la segunda pareja de gráficos. Los partidos que firmaron las retallades han caído desde los 80 a los 69 diputados, 11 diputados salidos directamente de la fuga de votos de CiU hacia ERC. Una sangría electoral que difícilmente pude explicar en términos de organización territorial (la recién estrenada propuesta de CiU es la idea del independentismo más clásico), sino más bien de las diferencias de fondo entre ambos partidos a la hora de meter la tijera en partidas presupuestarias que los ciudadanos consioderan fundamentales para mantener el estado de bienestar. Durante la campaña, ERC, ICV, C’S y PSC airearon con fruición la idea de que CiU y el PP estaban pactando la defunción del estado social. Ese discurso caló por encima del nacional.

Oriol Junqueras, líder de esta formación, demostró haber leído esa tendencia en los resultados, cuando ayer explicó satisfecho que no pactaría un gobierno con CiU. “No vamos a pactar más recortes en sanidad, ni en educación”, aseguró el líder independentista. “Hay que encontrar el dinero, hay que encontrar los recursos para que eso no se haga. Si necesitamos nuevos impuestos eso es lo que haremos”.

CiU eligió, por lo tanto, un terreno en el que tiene una posición clave de centralidad (derecho a decidir), beneficiando a aquellos partidos que tienen una posición clara sobre el tema, ya sea sobre el no a la independencia (C´s o PP) y el sí (ERC). El grandísimo perjudicado de esa elección fue el PSC, que acumula fugas por todos los lados y sufre a la vez el agotamiento de la marca PSOE y su tibieza en el tema de la cuestión nacional.

Sin embargo, CiU no fue capaz de otorgarle el protagonismo que espera al issue independentista, y los votantes depositaron el voto con un ojo puesto también en su gestión económica, en la que las retalladles han sido una constante desde que accediera a la Generalitat. El auge de ERC parece dar respuesta a esa idea. Los votantes han dicho un claro sí al soberanismo, pero, a la ver, un no a la gestión que CiU ha hecho de la crisis.

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