El federalismo ante el procés catalán, una derrota por incomparecencia

Como según los diarios de Madrid el conflicto nacional (ni siquiera hoy lo llaman así) lo empezó en 2012 Artur Mas, un gran acontecimiento histórico se ha borrado de la memoria compartida. Y sin embargo pasó. Pese a que nadie parezca acordarse, el federalismo ganó unas elecciones en Catalunya hace 12 años, de la mano de Maragall. Y aún más, éste lo intentó llevar a cabo, estirando todo lo que pudo de las dobleces del sistema constitucional español. No perderé tiempo explicando el final de la historia porque ya lo conocemos todos.

En un momento en el que el federalismo se obceca en asegurar que el problema del soberanismo catalán es haberse planteando ante una mayoría absoluta del PP cabe recordar que esto es, simplemente, falso. Hoy más que nunca es importante hacer memoria y explicar que el conflicto nacional, esto es, el de las nacionalidades que no cabían en los marcos autonómicos, no tiene ni 2 ni 5 años, tiene al menos 12. Viene del intento de reforma estatutaria catalana y de su coetánea vasca, el Plan Ibarretxe, una propuesta por la que hoy algunos federalistas catalanes suspirarían en caso de que algún federalista catalán se acordase de ella. Ambas chocaron contra un muro que nada tenía que ver con una mayoría absoluta del PP, la cual había quedado enterrada en 2004, y sí con un diseño estatal que responde (y aún sigue respondiendo) a la aspiración nacional de la mayoría española.

El federalismo español no es una cuestión exclusivamente catalana como muchas veces se ha dicho, pero si es cierto que en Catalunya ha tenido su principal motor. La idea de buscar un encaje soberano para las diferentes nacionalidades del Estado ha encontrado en Catalunya a sus mejores defensores. Diferentes ideas federales sedujeron a Pi i Margall y a Valentí Almirall, también a Josep Benet, a Josep Tarradellas y a Pasqual Maragall, y muchos independentistas firmarían hoy un empate si en el otro lado encontrasen las propuestas de cualquiera de los anteriores. Y es que la apuesta federal es seductora y, además, posibilista. La reforma constitucional es posible, hay mecanismos para ello, y convencer a la mayoría de los españoles de que deben darle una solución federal a los problemas nacionales es un objetivo asequible. O, al menos, eso asegura el grueso de los federalistas catalanes en sus días de menos popularidad.

Pese a todo eso, en un momento en el que la sociedad catalana avanza a toda pastilla tras superar de largo el marco autonómico, el federalismo catalán no acaba de cimentar su propuesta para el siglo XXI. Hablan de “proceso constituyente catalán no subordinado” mientras apuestan por un referéndum pactado con el Estado y se niegan a sumar con el independentismo que propone un proceso constituyente –con la esperanza, eso sí, de que acabe en independencia. Tampoco parece que estén tejiendo alianzas con sectores federalistas fuera de Catalunya. No hay ninguna propuesta en este sentido para Euskal Herria, tampoco para Galicia, ni para Andalucía, tímidamente para el País Valenciano.

“Los ritmos son diferentes”, aducen. Es cierto. La cuestión entonces es qué respuesta puede darle el federalismo a la aspiración nacional catalana, sabiendo que los ritmos de los agentes con los que te debes federar son diferentes, casi contrarios. Apuntan, entonces, a la irrupción de Podemos, una propuesta –entre otras cosas– federalista española, que ocupa –por otras cosas– primeras páginas en los diarios. En realidad Podemos es la carta a la que el federalismo catalán lo está apostando todo, habida cuenta de que el PSOE ni está ni se le espera.

Seamos justos. Es naïf acusar al federalismo catalán de estar esperando a que Podemos obtenga 2/3 de ambas Cámaras y que además sus postulados ganen un referéndum. Ningún partido ha obtenido nunca 2/3 de la Cámara, y el escenario fragmentado que se nos anticipa lo pone aún más difícil. A lo que el federalismo catalán apela es a la capacidad de Podemos de mover el escenario político, de tal forma que el PSOE, o buena parte de su espacio político, apueste por una reforma constitucional en sentido federalizante.

El problema de esto es que el federalismo catalán parece igual de miope a la hora de analizar el panorama nacional catalán que a la hora de analizar el panorama nacional español. En España, o mejor dicho, para la mayoría de españoles, el debate nacional no es una prioridad, ni un problema, ni algo que le desvele lo más mínimo. Podemos, la gran esperanza blanca del federalismo, no está haciendo campaña a favor del federalismo en ningún sitio. Ni siquiera sabiendo –como saben– que no gobernarán en 2016, y ni siquiera en Catalunya. Solo hay que ver la última propuesta territorial de Podemos para entender que su apuesta federal es un descafeinado de sobre en un barril de agua. Y tienen buenas razones para que sea así, de hecho las mejores razones: razones electorales. Con una propuesta federal no se ganan las elecciones Generales, ni mucho menos un referéndum. La idea de Podemos es presentar un modelo que no haga mucho ruido y no dé demasiado que hablar a un lado ni a otro.

Parecería entonces que el federalismo ha llegado a una vía muerta, a una derrota por incomparecencia del aliado. Es lo que buena parte del independentismo sostiene y el postulado que lo ha hecho fuerte sobre las cenizas del antiguo catalanismo, un “todo o nada” impuesto por el procés que parece dejar al federalismo fuera de juego. Pero no es cierto. El federalismo aún tiene mucho que decir. Sobre todo si en realidad se cree su argumento de que la independencia es una quimera, algo sobre lo que es posible que esté acertado.

La gran carencia del federalismo del siglo XXI es entender la composición nacional de España. Y eso empieza por admitir que el diseño territorial del Estado español es el fruto de una victoria, el triunfo político de una concepción de la nación española sobre el resto de concepciones nacionales del Estado. España, o la mayoría de los españoles, solo atenderán a una propuesta que le cuestione esa conquista mediante hechos consumados. El federalismo español debe entender que solo tiene alguna posibilidad si derrota una determinada idea avasalladora de la nación española, aquella sobre la que está construido el Estado del 78. Y, para ello, el proceso soberanista catalán es el terreno más fértil en casi un siglo.

Una oferta real, con cara y ojos, un objeto con el que federarse, una entidad soberana con una propuesta concreta de federalización tras una victoria democrática es el único revulsivo que tiene a su alcance el federalismo del siglo XXI, habida cuenta que el resto de vías no han funcionado ni tienen posibilidades de funcionar en el futuro porque no son capaces de derrotar la actual concepción nacional española. ¿Hay un caldo de cultivo mejor para eso que un nacionalismo movilizado en el plano independentista? ¿Ha encontrado alguna vez el federalismo tal capacidad de victoria del soberanismo en uno de sus sujetos? ¿Ha soñado alguna vez un sincero federalista español con una situación en la que una de las partes de su Estado imaginado reivindicara con más ansias su capacidad de decisión?

¿Por qué no es el momento, entonces, de llevarlo hasta sus últimas consecuencias? ¿Simplemente porque quien lidera esta larga marcha catalana dice pretender ir más allá, con crédito cuestionable? Es imposible entender la renuncia del federalismo a disputar este terreno. Es imposible entender que federalismo esté permitiendo ser un aliado para los favorables al statu quo nacional. La única explicación de que no se esté utilizando este momento histórico en Catalunya es que el federalismo haya muerto. O que esté apagado, o que no se encuentre disponible en este momento. O que no se entere de nada, que también puede ser.

*Por si a alguien le interesa leer sobre federalismo español con rigor y seriedad, dejo aquí un enlace que acostumbra a ser delicioso: http://cartasfederalistas.blogspot.com.es/

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3 comentarios

  1. Pero tu tambien te habias creido que existe el federalismo? Yo no querria quitarte la ilusion, pero que sepas que los reyes…

  2. Buen artículo, pero creo que es demasiado largo. He leido una parte.

    En efecto, la mayoría de españoles (y, creo, de catalanes) no apuestan ni de lejos por el federalismo. Lo más normal es que apuesten por el mantenimiento del estado autonómico o, en Cataluña, por la independencia.

    Aun no tenía claro que Podemos era federalista, pero ahora ya no lo dudo.

    Yo personalmente apuesto por la independencia. Visca Catalunya lliure.

  3. Anna Maria B. · · Responder

    Reconforta leer un buen artículo, Sr. Puente, cansada de la frivolidad con la que en determinados ámbitos partidos y foros se habla de “federalismo”. Federalismo es más que una palabra: federalismo es lo que, en nuestro país defienden o defendían teóricos como Ferran Requejo (hoy ya desengañado tras 20 años de pedagogía sobre el tema), Jorge Cagiao Conde, Josep Costa, Jaume López, Marc Sanjaume, Iván Serrano, Xavier Arbós, Ramón Máiz, entre otros (la lista sería aún más extensa). “Federalismo” es, entre otras cosas, aceptar la existencia de diversos y diferentes sujectos políticos nacionales (¡anatema!), cambiar una relación vertical per una relación horitzontal en la que la sobirania es suma de sobiranías compartidas o conectadas en red y los acuerdos nacen de la negociación entre los sujetos federados (el pacto federal).
    /
    Ni PSOE ni C’s són partidos federalistas: nos quieren hacer creer que ya vivimos de facto en un estado federal que solo necesita unos pequeños retoques. En boca de estos federalistas, el federalismo no deja de ser, en el fondo, un nuevo españolismo (nación única española) pero gestionado por ellos o a su manera.
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    El porqué de la incomparecencia es bastante claro, a mi modo de ver, y obedece a dos causas principales: a) nadie quiere hacer pedagogía de una idea que le haría perder votos o que le restaría el apoyo de su propio electorado. La explicación es sociológica y depende de las preferiencias que mayoritariamente expresa la sociedad española, b) el modelo de Estado (el del PP-PSOE-C’s-Upyd, con todas las diferencias o matices que se quiera), pasa por una concentración de poder en la capital (poder financiero, económico, logístico, político). El debate federal es pues y en el fondo el debate sobre el reparto del poder, el reparto de los recursos y las competencias.
    /
    Finalmente hay una última causa añadida a las dos anteriores pero no menor: todos los partidos generalistas españoles, salvo IU, se niegan al reconocimiento expreso de Cataluña (y País Vasco y Galicia) como nación. La razón es simple y se podría resumir de la siguiente manera: “si admitimos que Cataluña es una nación estamos admitiendo, a su vez e implícitamente, el derecho a la libre determinación”. Huelga decir que es evidente que el derecho no se quiere reconocer para que no pueda ser ejercido.
    /
    PS: Xavier Arbós, miembro del “Consejo de expertos” que asesora al PSOE sobre la reforma federal de la Constitución y un federalista de lo más razonable, entrevistado recientemente por “Crónica Global” confesaba que “el federalismo (en España) con un alto principio de subsidiariedad, que es lo que defiendo yo, lo veo muy difícil”.
    http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2015/08/xavier-arbos-es-mentira-que-espana-sea-uno-de-los-paises-mas-descentralizados-23498.php

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