Si la nueva política quiere ser nueva debe abordar los debates complejos

La llamada “nueva política” ha hecho una fructífera campaña con algunos temas recurrentes, como los sueldos de los cargos públicos, la colocación de familiares y amigos en puestos de libre designación o la transparencia de las instituciones. Son tres temas que bien merecen salir a la luz pública y ser tema de campaña, porque, en efecto, son importantes. El problema es que, al llegar a las instituciones, la nueva política se ha encontrado los mismos problemas que se solía encontrar la vieja y, pese al raca-raca de campaña, cuesta sostener que hayan encontrado mejores soluciones.

Ilustraré con ejemplos, pero primero un disclaimer: Usaré a Barcelona en Comú solo porque es la candidatura de la ciudad donde vivo, sobre la que he trabajado más y que conozco mejor, pero puede hacerse extensible a muchas otras. Dicho esto, al lío.

Sueldos de cargos públicos. Barcelona en Comú ha hecho campaña con la austeridad de los sueldos hasta límites insospechados. 2.200 euros es la muga que el código ético de la formación establece para “cargos electos, gerenciales y de libre designación de la candidatura”. En el redactado hay dos partes, por un lado el tipo de cargos para los que se proyecta el suelo –”cargos electos, gerenciales y de libre designanción”, es decir, todos los que no son funcionarios en un ayuntamiento– y por otro la frontera “de la candidatura”.

La lógica más primaria dicta que si Barcelona en Comú forma gobierno y ficha a un tipo para, pongamos, asesorar a un regidor, este asesor es un trabajador de libre designación propuesto por la candidatura y, por tanto, con sueldo limitado por el código ético. Pues no. En cuanto se anunció el fichaje de Jordi Martí como gerente del Consistorio se anunció también que el código ético solo se aplicaba a gente de la candidatura, entendido como personas que iban en lista. Raro, ¿no? ¿Qué sentido tiene entonces  hablar de cargos gerenciales y de libre designación en un código ético pensado para gente que aspira a ser representante? Permitidme usar lenguaje de las recetas de cocina para pediros que “reservéis” este ingrediente.

Dos. Colocación de familiares. Las parejas sentimentales de la número uno y dos de Barcelona en Comú han accedido al partido y al Ayuntamiento, respectivamente. Del primero, que ocupará el cargo de responsable de relaciones institucionales de Barcelona en Comú, el partido ha escrito una escueta nota donde explica que ya participaba como voluntario en sus órganos y que ahora se incorpora profesionalmente. De la segunda, las explicaciones oficiales no han llegado, pero es indiscutible que tiene una trayectoria profesional que la habilita como asesora en materia de vivienda.

Hay que entrar en este fenómeno con honestidad. La actividad política de los nuevos dirigentes municipales ha ocupado buena parte de sus vidas. Por esa razón, no es raro que hayan conocido y forjado relaciones con otras personas que participaban en sus espacios políticos, sin que esto desmerezca las capacidades y valía de ninguno de ellos. Ahora bien, esto pasa en Barcelona en Comú, en CiU, en la PAH y en la mayoría de organizaciones. ¿Qué tienen de diferentes estos casos para que unos puedan ser tildados de nepotismo y colocación de amiguetes, y otros de fenómenos normales en la vida política? Reservemos, una vez más.

Transparencia. A día de hoy no conocemos: ni el sueldo de Jordi Martí, ni los criterios por los que ha sido fichado como gerente, ni el sueldo del compañero de Ada Colau, ni las razones por las que ha sido fichado más allá de que ya estaba participando, ni el sueldo de la compañera de Gerardo Pisarello, ni las razones por las que ha sido fichada más allá de su evidente conocimiento de la materia. Las explicaciones brillan por su ausencia, los instaladores de las “paredes de cristal” prometidas no han tenido tiempo de acercarse al Ayuntamiento.

La nueva política se está encontrando con los mismos problemas que se encontraba la vieja. La dificultad de formar equipos técnicos valiosos sin pagar sueldos astronómicos ni tirar de amigos. Los problemas para encontrar el punto medio entre la lógica necesidad de disponer de personas de confianza en lugares destacados de la administración y el nepotismo. El brete de explicar largo y tendido decisiones que la ciudadanía mira con desconfianza. Hasta aquí, poco que objetar, ya que todo ello era previsible, por mucho que durante la campaña pusieran cara de poker cuando se les mentaba.

El problema es que la nueva política, instalada en las instituciones, está ventilando estos asuntos sin llegar plantearlos. Lejos de exponer estos problemas y abrirlos al debate –¡o incluso a la decisión!– de la ciudadanía y en vez de reconocer que al azuzar estos problemas en campaña pudo caerse bien en la ingenuidad o bien la demagogia, se agota la discusión por la vía de apelar a su credibilidad personal, a su bonhomía intrínseca y a su inmaculada carta de servicios. “Nosotros no somos como ellos, no porque actuemos diferente, sino porque actuamos movidos por otros objetivos”, parecen decir con la boca cerrada. Y en este espacio, el de la renuncia a la fiscalización por la confianza en la legitimidad de sus objetivos, es donde tradicionalmente se han incubado los dragones de cuatro cabezas que ha costado décadas sacar de sus aposentos. Si la “nueva política” quiere representar algún tipo de novedad es hora de renunciar al privilegio de estas inercias cuando todavía hay margen.

Cambiar la política no es tanto tomar decisiones revolucionarias sino explicar las que se toman, confiando que la gente entiende lo complejo“, escribí hace poco en un tuit, que me consta que gustó a algunos nuevos alcaldes y concejales. La gente entiende lo complejo, así es, pero la tentación de creer en los héroes es inevitable para todos. Últimamente se habla mucho de si se puede cambiar el sentido común desde el poder. Creo firmemente que, en cierto grado, se puede. Y el primer cambio desde el poder debería ser abordar incluso los debates en los que el poder puede salir malparado.

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2 comentarios

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