El ascenso y caída de Artur Mas y los independentistas de CiU, una ópera política en tres actos

En unos pocos días se cumplirán tres años de que Artur Mas ganara las elecciones que le abrieron la puerta del Govern de Catalunya. En aquella ocasión Mas obtuvo 62 escaños, una cifra comparable a las que obtenía Pujol en los 80 y primeros 90. Catalunya volvía a una etapa convergente tras 7 años de tripartit en los que el PSC había perdido el 50% de sus votos y se había producido el gran chasco del Estatut. Las cosas han dado un vuelco en tres años: Artur Mas está en uno de sus momentos más bajos. Según las encuestas recientes, CiU perdería el 50% de los votos obtenidos en 2010 y el proceso independentista esta tomando serios tintes de chasco, al menos para el partido del Govern.

Acto primero.

Mas llegó a la presidencia con un programa en el que se habla de autogobierno, derecho a decidir y concierto fiscal, de manera clara. Bajo el epígrafe de “nación”, CiU defendía “el derecho a decidir sin más límites que el que marque en cada momento el pueblo de Catalunya”. Pero todas esas propuestas no se materializaron, de momento, en una clara apuesta por la soberanía política. Al contrario, metidos de lleno en el debate económico y en plena acometida de los impopulares recortes, el acento hubo de recaer sobre la soberanía económica, esto es, el llamado “pacto fiscal”.

Es digno de señalar que en el programa de CiU a las catalanas no aparece ni una sola vez la expresión “pacte fiscal”. Para encontrar esa expresión en un programa debemos acudir al de CiU a las generales de 2011. Ahí sí, la formación nacionalista especifica que tiene “como objetivo prioritario” la demanda de una fiscalidad propia. Con este objetivo como bandera Convergència i Unió ganó las elecciones generales en Catalunya por primera vez en su historia. CiU está exultante. El postpujolismo retoma el cetro de la Generalitat después de que toda su oposición se haya inmolado en el tripartit.

vanguardia pacto fiscal

Sin embargo, esas mismas elecciones en las que en Catalunya triunfó el pacte fiscal, en España ganó el PP. Y CiU se dio cuenta rápido de que, con una mayoría absoluta del PP, las posibilidades de ser partido bisagra se esfumaban y con ellas las de imponer su programa. Cómo estaría de clara la cosa que el mismo lunes de resaca electoral Camacho corrió a asegurar: “No daremos nuestro apoyo [en el Parlament] a cambio de nada”, y Duran compareció pocas horas después templando gaitas al asegurar que no descartaban colaborar con el PP en el Congreso, “incluso sin pacto fiscal”.

No se puede decir que el equipo de Mas no lo intentara con ahínco durante los primeros meses. Al principio por las malas, después mediante cambio de cromos, y finalmente mediante los apoyos internos de partidos y de empresarios. ERC apretaba sin ahogar, apoyando a Mas en su lucha por el pacto fiscal pero sin aceptar nada menos. En un último intento desesperado Duran convenció a CiU de rebajar la demanda a un acuerdo de mínimos. Pero finalmente, todo fue estéril y CiU se vio obligado a aplazar su medida estrella ante la negativa rotunda de Rajoy.

El protagonista, pese a sus recientes éxitos electorales, está derrotado por una fuerza más grande que él. Se hace el silencio, se apaga la luz, se cierra el telón. Es el fin del primer acto.

Acto segundo.

Verano de 2012. El CEO arroja un resultado histórico: el 51% de los catalanes votarían a favor de la independencia de Catalunya. Cerrada la vía de la soberanía fiscal, Mas prepara el órdago y advierte al PP que negarles el apoyo es arrojarles en manos de ERC. Los demás actores comienzan a moverse: en las filas socialistas Navarro urge a Rubalcaba que apueste por el federalismo y ERC invita a ICV y CiU para formar una lista soberanista. La manifestación de la Diada de septiembre de ese año confirma la jugada de CiU y al día siguiente Mas ya habla de Estado Catalán en estos términos: “El camino no da más de sí. España ya hizo su transición y ahora nos toca a a nosotros”.

Para la siguiente semana ya corren acertados rumores de adelanto electoral. Artur Mas quiere jugar la partida en su terreno, y este no es otro que los comicios. Hasta entonces, siempre ha obtenido el respaldo mayoritario de la ciudadanía y esta vez él ha escuchado las voces que se manifestaron por las calles de Barcelona justo en los momentos de mayor desplante de Rajoy a su gobierno. Mas y los electores están en pleno romance y por fin ponen fecha a su luna de miel: el 25 de noviembre, con unas elecciones en las que el President reclama una “mayoría absoluta para avanzar hacia el estado propio”.

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Pero no todo salió como Mas esperaba. Contra todo pronóstico, los electores le dieron la espalda por primera vez y la mayoría absoluta se quedó en mayoría y gracias. Los ciudadanos sí respaldaron ampliamente las tesis soberanistas, pero ello se tradujo en un aumento de casi 300.000 votos a ERC. CiU estaba en un callejón sin salida. Por un lado, rebajar la tensión y volver al pacto fiscal ya no era posible porque Rajoy le había dado con la puerta en las narices y porque los electores habían votado masivamente por el estado propio. Por el otro, seguir hacia adelante en el programa soberanista parecía dividir a las bases de CiU en vez de atraer nuevo voto. Pero, entre estas dos opciones, decidió seguir adelante a la espera de que el suficiente pedigrí soberanista actuase como bálsamo electoral para su partido.

Con este objetivo comienza una carrera hacia el estado propio en la que el President se va cerrando puertas tras de sí. Como entrante, se lanza al pacto de legislatura con ERC. Una vez sentados a la mesa, Convergència se zampa la agenda independentista impuesta por Esquerra, hecho que comienza a desplazar a su socio tradicional, Duran i Lleida y Unió. Finalmente, Mas termina el suculento menú aceptando fijar como límite 2014 para celebrar el referéndum de autodeterminación.

A nuestro protagonista la avaricia le ha roto el saco. Queriendo salirse con la suya a toda costa, ha fallado en las elecciones, donde nunca había fallado, lo cual le ha obligado a enrolarse en un proyecto ajeno para poder dar continuidad a su causa. Termina el baile, callan las risas de sus enemigos, se queda nuestro héroe solo en medio del escenario, se apagan las luces, se cierra el telón y así termina el segundo acto.

Tercer Acto.

Se abre el telón. Mayo de este año. Un barco soberanista avanza a toda máquina capitaneado por Artur Mas y su primero de abordo, Oriol Junqueras. Se ha constituido un pacto nacional por el derecho a decidir, se está impulsando una ley de consultas, se ha aprobado una declaración de soberanía en el Parlament, se ha creado el Consejo de Transición, se ha ratificado que la consulta ocurrirá en 2014. La Assemblea Nacional Catalana pilota el movimiento social en la calle e incide en la política del ejecutivo por obra de ERC.

La presión aumenta sobre Rajoy para que dé pasos, pero el Gobierno no responde. Por una parte, Rajoy es orgulloso y no acepta imposiciones desde su mayoría absolutísima. Pero además, no tiene incentivos para hacer nada. Abrir la mano puede ser visto como un signo de debilidad ante el nacionalismo y aprovechado por UPyD, un frente que últimamente le da dolor de cabeza. Rajoy opta por sentarse a la puerta de su casa y ver pasar el cadáver de sus enemigos. Y, precisamente, el de Duran tarda poco en pasar. Emparedado entre CDC y ERC y sin casi influencia en el Govern, el histórico líder democristiano anuncia que se plantea dejarlo. “Me afecta que en Cataluña me llamen botifler y en Madrid independentista o cabrón; sufro mucho”, asegura Duran, obligado a bajar la espada de los moderados. Por su parte, el PSC se aparta cada vez más de CiU, pero mantiene una postura intermedia que a punto está de romper la paciencia del PSOE.

Antes de verano comienza la búsqueda de apoyos internacionales en Europa. Una búsqueda infructuosa que termina con un posicionamiento claro de la UE: Catalunya no entraría automáticamente en la Unión de ocurrir la secesión. Los miembros primero.

Pese a la mala cara del Gobierno, comienzan los contactos. El problema catalán se está yendo de madre y Rajoy no puede permitirse el molesto run-run constante. “Veamos qué quieren en la casa catalana”. Y constata que lo que Mas pide es inaceptable. El President no está dispuesto a renunciar a la consulta y quiere hacerla acorde con la Constitución, para lo que se requiere un encaje de bolillos que Rajoy no va a hacer. Mas se da de bruces con la triste realidad: O consulta ilegal, o legalidad sin consulta. Y si hay consulta, salga lo que salga habrá roto con España y no tiene seguridad de entrar en la UE. La encuesta del GESOP de junio termina de darle la puntilla: ERC superaría a CiU por primera vez, con 5 escaños de margen. Acorralado, Mas propone a ERC y PSC entrar en el Govern, cosa que ambos rechazan sabiéndose con la sartén por el mango.

vanguardia europeas

Qué lejos se ve ahora el pacto fiscal. Qué lejos aquel Mas radiante, con las urnas a favor, que rebajaba sus pretensiones para poder pactarlas con Rajoy. Qué lejos la tierra firme en la que se podía pactar con el PP los presupuestos y con PSC la política nacional. El President deja pasar el verano. Las calles vuelven a tronar en la Vía Catalana del 11 de septiembre, con un nuevo récord de participación independentista. En un último intento, Mas vuelve a tender la mano a su socio de gobierno en la sombra y les propone listas conjuntas, CDC-ERC, sin Unió. Pero ERC las descarta.

Para cuando en la formación nacionalista quieren tomar medidas, es demasiado tarde. ERC se les ha comido la mitad del electorado.

¿Qué hacer ahora? El proceso ha cogido una velocidad que la frenada en seco no es una opción, puesto que expulsaría definitivamente a los partidarios del estado propio a los brazos de Esquerra. Sin embargo el precipicio del 2014 está cada vez más cerca. Se han comprometido a sacar una fecha de la consulta antes del fin del año parlamentario, y para eso queda poco mas de un mes.

La primera opción es pactar algo con el Estado. Duran vuelve a ser bienvenido en la casa convergente. Una oferta mínima de Rajoy les vale como clavo ardiendo. Necesitan algo que vender a sus bases para justificar el viraje. Alicia Sánchez Camacho, supo verlo hace un mes, cuando trató de vender una mejora fiscal para Catalunya en Génova. “CiU está siendo desangrado por ERC, y nosotros vamos en camino de morir en manos de C’s, hay que evitar el proceso a toda costa, Mariano”, debió decirle Camacho. Pero el Presidente no está para esas cosas. Con UPyD comiéndoles desde el españolismo más ultra y hundiéndose en las encuestas, al PP solo le falta consentir con Catalunya para asegurarse el batacazo. Nones estatales al pacto por enésima vez.

La única salida digna que les queda es forzar unas plebiscitarias y acudir con ERC. Para ello hay que evitar la consulta a toda costa. CiU siempre mantuvo que haría una consulta y que la haría legal, y esa va a ser la justificación del plan B. No les queda otra. Solo así pueden reducir la macha y utilizar la victimización que encontrarán en “el Estado no nos deja”. En consecuencia, las semana pasada se confirmaron las sospechas:

ciu vota con PP y PSC

El fin del tercer acto va a tardar en llegar, así que por mi parte les voy a dejar en el entremés. Parece que Artur Mas ni siquiera va a tener la suerte de una agonía rápida. A poco sagaz que sea Oriol Junqueras, se postulará como el único dirigente capaz de continuar con el proceso independentista.

Sobre nuestro protagonista, ha caído malherido por su propia prepotencia. Dejó que le hicieran creer que estaba pilotando un proceso histórico y lo único que pilotaba era su propio batacazo, histórico, eso sí. Solo un milagro puede ya salvarle. Pero, recordemos, las intervenciones sobrenaturales no son extrañas en este tipo de óperas.

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