Ciutadans y la virtud de pasar por allí

Hay cosas que nacen con suerte o, simplemente, en el momento adecuado. En ocasiones nacer un par de años antes puede ser suficiente para cambiar por completo la historia de un partido. El caso de Ciutadans es uno de esos. Vio la luz solo un poco antes de que empezaran a tener peso los partidos monodiscursivos, penetró en el Parlament una legislatura antes de que el debate público catalán les favoreciera y resistieron agazapados y con los dedos cruzados a que su momento llegara.

6 años después, ha llegado. El partido de Albert Rivera está en plena explosión y no exactamente por méritos propios. El debate que más les favorecía ha llegado en un momento perfecto: están consolidados como marca españolista de pedigrí, pero no desgastados como otros partidos que han gestionado. Su mayor reto ahora es ser capaces de asimilar el entusiasmo recogido por el monotema antisoberanista y desangrar lo suficiente a PP y PSC para redibujar el mapa político catalán.

Más vale caer en gracia que ser gracioso

Los partidos se parecen mucho a las personas. No es de extrañar. Están creados por personas, dirigidos por personas e integrados por personas. Tanto partidos como personas están brutalmente condicionados por hechos anteriores a su existencia. Traen consigo un código genético y todos los factores que rodean el momento de su concepción y parto configurará su identidad y les marcará durante toda su vida.

Esto es evidente en el caso de Ciutadans. El momento en el que nació y los motivos que rodearon su entrada en el Parlament le han marcado tanto o más que su ideología, que no es mucho más que una mezcla entre el españolismo rampante del PP, la visión social del PSC y el neopopulismo de UPyD. Una ideología por la que pocos hubieran apostado en pleno año 2006 y en Catalunya.

En el año 2006 en Catalunya llevaba 3 años gobernando el PSC junto a ERC e ICV, y se inauguraba la segunda legislatura del tripartit. Ese mismo año se acababa de aprobar el Estatut. Las políticas del tripartit, con Maragall, no se habían destacado por tener fuerte impulso soberanista, mucho menos independentista, pero sí por tener como gran proyecto político un nuevo Estatut, cosa que, tratándose de Catalunya, siempre genera molestias. Pese al ruido generado desde varios lados, el proyecto estatutario había salido adelante. C’s se había posicionado en contra del nuevo Estatut, ya antes de entrar a la cámara. En el horizonte lo último que se dibujaba es que el marco estatutario saltara por los aires en 6 años. “El Estatuto nació con fecha de caducidad” aducirán con razón algunos. Ahora es fácil decirlo, pero en plena bonanza económica del 2006, esto ni se olía. El partido de Albert Rivera no nació como partido anti-independentista, porque nadie (con relevancia) hablaba de independentismo: C’s nació como partido contrario al aumento de autogobierno catalán que traía el Estatut.

Con este ideario, extremamente centralista, en las primeras elecciones a las que concurrieron sacaron 89.000 votos y tres diputados. Era poco más que una minoría surgida del humo montado en torno a lío estatutario, que el PP había utilizado junto a ETA, Navarra, el 11-M y los gays para azuzar a Zapatero. El estatuto causó mucho sobresalto en el maltrecho corazoncito nacionalista español, pero la sociedad catalana iba por otro lado. El panorama electoral que dejó aquel año era todo lo contrario a un escenario de polarización nacionalista: CiU las ganó con 900.000 votos y un programa de nacionalismo clásico moderado, ERC obtuvo unos discretos 400.000, perdiendo más de 100.000 desde 2003, y el PP obtuvo 300.000, también dejándose unos 100.000 por el camino. Esta es la descripción de un típico escenario multipartidista cuya segmentación en bloques está determinada entre Gobierno/oposición, más diferenciados en el eje izquierda/derecha que en el ámbito soberanista. Ganó el bloque gubernamental, aunque por los pelos.

La renovación del discurso españolista

Cuatro años después, en 2010, el tripartit estaba muy desgastado. El Constitucional había acabado de cepillarse el Estatut y el eje izquierda-derecha comenzaba a desplazarse hacia el eje nacional. Ciutadans había estado sin demasiado que aportar entre 2006 y 2010, guardianes de la pureza centralista en un tipo de debate que no iba con ellos, pero en ese nuevo eje podía encontrar un hueco, pequeño de momento pero de enormes perspectivas. O más bien, se lo iba a hacer a codazos, con una capacidad visionaria difícil de imitar.

Es destacable el papel que durante el periodo 2006-2010 había tenido UPyD, hermano de C’s. El partido magenta había comenzado su andadura en 2008 ocupando un espacio nacionalista español que era una caladero tradicionalmente explotado por el PP y otros partidos irrelevantes de ultraderecha. Pero la idea de UPyD no era tanto pescar en las posiciones del españolismo tradicional sino situarse como reacción a los nacionalismos catalán y vasco desde una postura novedosa, socioliberal y populista. C’s y UPyD bebieron de las mismas fuentes para renovar el discurso españolista. Un españolismo que gustaba de romper ejes, de no significarse con viejos clichés del nacionalismo rancio (como el catolicismo, el militarismo o el o el conservadurismo) , y conseguía apelar tanto al voto de la derecha moderna como al centrismo postmo aplicando la uniformización y recentralización como antídoto infalible para la regeneración.

Pese al éxito de UPyD en España, desde C’s optaron por intentarlo en el Estado. Fue un error. Posteriormente se comprobó que a C’s le favorecía tomar la bandera del españolismo genuínamente catalán. Y que, demás, les funciona bastante bien tener una marca diferenciada de la de UPyD, aunque tengan unas bases muy similares: a C’s les permite llegar a sectores que se sienten catalanes pero tienen temor a la independencia; a UPyD les permite sacar rentabilidad del discurso incendiario contra Catalunya sin perjudicar los resultados de C’s. Desde ese punto de vista, el “pacto” entre C’s y UPyD les hubiera dado una ventaja táctica respecto a PP o a PSOE, que no supieron ver. En 2008 se presentaron en 52 listas electorales del Estado, consiguiendo unos tristes 45.750 votos.

Con el rabo entre las piernas, hubieron de replegar a Catalunya. Entre las elecciones de 2006 y 2010, C’s apenas aumentó 15.000 votos. Una nadería. Las elecciones de 2010 se convocaron para responder a la sentencia que recortaba el Estatut, un debate que pivotaba sobre el eje nacional pero que, pese a eso, se olvidó de ellos mientras que sí favoreció a Solidaridat Catalana per la Independència, una fuerza que irrumpió en el Parlament con un diputado más que los de Rivera. Cualquiera hubiera pensado que había alcanzado su techo electoral, quedando como una sensibilidad minoritaria de influencia reducida a pequeños círculos urbanos catalanes.  Pero nada más lejos de la realidad: C’s estaba en el momento oportuno y en el lugar adecuado, aunque todavía no podían saberlo.

No pasamos la frontera, la frontera nos pasó a nosotros

Tras la victoria de CiU, Rivera se centró en aumentar el perfil anticatalanista, tratando de aprovechar a posteriori el eje nacional. Sin mucho margen (una vez que ya has llamado independentista a todo el mundo te quedas sin recorrido) pero también sin hipotecas con nadie, plantearon dar batalla ante una situación que se les iba de las manos: Mas gobernaría, deberían de aprobar recortes y, de hacerlo con el PP, volverían a situar la política catalana en el eje izquierda-derecha tan incómodo para C’s. Esa hoja de ruta ocurrió, con un matiz importante. Mas no dejó del lado el debate nacional con el que había llegado al Govern, sino que, acorralado por una crisis que solo comenzaba, continuó con su apuesta por el pacto fiscal.

En C’s no se lo hubieran creído si alguien les hubiera dicho que durante esa legislatura la crisis iba a ser tan profunda, que el PSOE y el PP iban a comenzar una carrera fraticida de austeridad y desprestigio, que CiU iba a hacer los recortes más duros que se recuerdan, que el 15 de mayo del 2011 una gente iba a acampar en Madrid o que la antipolítica iba a acabar impregnándolo todo. Albert Rivera se hubiera pellizcado si la insípida noche electoral del 28 de noviembre de 2010 alguien le hubiera jurado que entre todos crearían las condiciones perfectas para que el independentismo en Catalunya prendiera con más fuerza que en toda su historia anterior.

Y pasó. El independentismo en Catalunya prendió un 11 de septiembre de 2012 con una fuerza impronosticable. En Ciutadans llevaban seis años preparando el momento, con esa esperanza callada pero firme que tiene el beato de que al final sus oraciones sean recompensadas. A un movimiento reaccionario como Ciutadans de Catalunya (recordemos que había nacido en contra del Estatut) nada le da más músculo que el crecimiento de su adversario. C’s comenzó a relamerse.

Haciendo gala de todo su pedigrí, más españolista que el españolismo, redoblaron sus críticas contra el PSC por su gestión anterior y su tibieza con los nacionalista, y contra el PP por su gestión presente y su tibieza pactando con nacionalistas como Mas. Y contra ICV por su separatismo encubierto, contra CiU por su secesionismo sobrevenido y contra ERC, por su independentismo desvergonzado. Había que hacer mucho, mucho ruido. Si 100.000 catalanes habían estado votando en contra del Estatuto catalán después de estar asumido por todos, ¿cuántos votarían en contra de la independencia? No tuvieron que esperar demasiado para comprobarlo. Ciutadans casi triplicó su voto (275.000) en las elecciones adelantadas que Mas planteó como un plebiscito. Una subida brutal, de más del 150% en voto y del 200% en escaños. Pero eso podría no ser nada: el último CEO situó a C’s como 4º partido en intención de voto, a solo dos décimas de empatar al tercero, el PSC. Algunas cocinas les dejan como terceros en escaños.

El CEO es poco fiable en los resultados concretos, pero la tendencia es innegable. Ciutadans ha pasado en 2 años de ser un partido completamente irrelevante a ser un partido con una potencialidad enorme. Este vuelco puede resumirse en que Ciutandans simplemente estaban ahí, vírgenes, impolutos, con un discurso sin ninguna otra particularidad que ser anti independentista antes de que (casi) nadie hablara de independencia. Ellos solo pasaban por allí, todo lo demás les sucedió alrededor.

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La hora de hacer

Pero el gran reto de Ciutadans llega ahora, cuando tienen de verdad que demostrar que están ahí por algo. El capital político acumulado solo porque pasaban por allí corre el riesgo de ser dilapidado por no saber qué hacer con él. Ciutadans, con inteligencia, preparan ya el día después de la culminación del “procés”. Un proceso soberanista que va para largo y que parece tener paso decidido puesto que todos los factores que les han ayudado a ellos también han ayudado a ERC a situarse como primera fuerza en intención de voto. Ha llegado el momento en el que Ciutadans, aprovechando su perfil de nuevo españolismo y regeneración, está remangándose y abandonando aquella ingenua posición coherente y multidimensional que les ayudó a hacerse el hueco. Después de comerse al PSC en el espacio del españolismo social, ahora van a por el PP. Esta clave se entiende la derechización en lo social y la tradicionalización en lo nacional. Ahora, más que nunca, todo “envenena la convivencia”, “busca la división y la confrontación” y “es una manipulación típica de los totalitarismos”. El típico discurso que hizo el PP en la oposición pero que ahora en el gobierno y con el pollo catalán en pleno auge, no pueden hacer tan alegremente.

C’s a veces tiene momento deslumbrantes sobre el atril, sobre todo cuando se pone outsider y denuncia sin complejos los repartos de cargos, los amiguismos y las inercias anticuadas del la vida política catalana. Y utilizan ese lenguaje movimentista y de pretendida regeneración para perfilar su raca-raca monotema sobre el nacionalismo. Han aprendido de experiencias políticas de éxito como el 15M, de su transversalidad y sobre todo de su lenguaje, y no tienen complejo en venderlo en las tertulias de Intereconomía o 13TV, siendo aplaudidos por fachas recalcitrantes.

Últimamente han hecho un movimiento que ha sorprendido a muchos: apuntar sus objetivos a nivel nacional. Parece raro, sobre todo teniendo en cuenta que su caladero está copado por UPyD, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta lo apuntado anteriormente. Están preparando el escenario post-proceso catalán. Aunque saben que su influencia dificilmente puede ir más allá de Catalunya, como partido que aspira a encarnar en unionismo necesitan tener presencia en el resto de España.

Es difícil que puedan sacar algo importante más allá de las fronteras catalanas. Como mucho, mejorar posiciones para ser socio de calidad de UPyD. Pero en Catalunya, Ciutadans es un fenómeno que está rompiendo el mapa político, resituando los ejes sobre la dicotomía partidos viejos / partidos nuevos y apuntando a una tendencia que pasará igualmente en España.

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6 comentarios

  1. Hola Arturo,

    Esperaba un texto algo más “positivo” hacia C’s, algo parecido a la última parte del mismo, pero me he encontrado con un texto que comparte esencialmente la perspectiva del nacionalismo catalán sobre C’s (estos no son nadie, han aparecido de casualidad, no son más que españolismo rancio). No es esa la perspectiva que tengo yo.

    Mira yo no soy catalán, pero soy valenciano y de padre catalán. La realidad de Cataluña ha estado siempre muy presente en mi vida en todos los niveles, tanto por la presencia de un nacionalismo pancatalanista con el que he tenido mucha relación (combatiéndolo) como por mis orígenes familiares. Mi padre es un catalán de esos que salieron de Barcelona es la época de la transición, y cuando ve todo lo que pasa en Cataluña siempre dice lo mismo: “Esa no es la Cataluña que yo conozco”, “los catalanes que eran nacionalistas siempre han sido cuatro gatos”, etc. Quien me diga a mi que el pujolismo no ha transformado Cataluña en una generación creo que se equivoca. Ah! Mi padre es de izquierdas.

    Como valenciano, además, tengo una visión muy particular sobre el nacionalismo en general. Los valencianos hemos vivido durante mucho tiempo estrangulados por tres nacionalismos diferentes, uno españolista, otro valencianista “blavero” y otro valencianista “pancatalanista”. Cada uno de ellos te dice que tu nación es una distinta. Lo bueno que tiene esto es que no te permite ver la realidad en dual, es decir, en creer en uno de los bandos nacionales enfrentados, porque resulta que tienes tres y, además,una síntesis de los dos últimos llamada tercera vía.
    Doy las gracias por haber vivido este multinacionalismo porque al final lo único que ha generado en mi es unas ganas enormes de que se vayan todos a tomar por ahí y que me dejen en paz. Métanse sus naciones donde les quepa y déjenme vivir.
    Dejo esto claro porque quiero que se entienda de donde vengo y que se valoren mis opiniones en base a eso.

    Para mi el nacimiento de C’s es bien sencillo: El nacionalismo y su interpretación de la realidad resulta opresivo para mucha gente. En mis infinitas e interminables conversaciones con nacionalistas desde que era un adolescente me he dado cuenta que ninguna de las razones que se pueden esgrimir para desmontar sus argumentos son aceptadas. El nacionalismo, todos los nacionalismos, son irreflexivos y religiosos y sus convicciones están basadas en una arbitrariedad a la que le dan categoría de indiscutible, histórica, etc.
    Cuando el nacionalismo penetra como una religión nace la reacción antirreligiosa. Yo creo que C’s y, en otro contexto, UPyD nacen de esa reacción antirreligiosa respecto al nacionalismo, una al vasco y otro al catalán. Se les llama nacionalistas españoles y eso es formalmente falso. Ninguno de los principios en los que se sustentan estos partidos son nacionalistas, de hecho son lo contrario son republicanos en un sentido de res-publica. Otra cosa distinta es que los nacionalistas españoles, en su miopía y religiosidad equivalente a los nacionalistas catalanes, solo sepan ver la realidad como un choque de nacionalismos y,por tanto, defiendan a estos como parte de los suyos. Circunstancialmente lo son, pero en “valores” no lo son. Desgraciadamente muchos nacionalistas españoles están entrando en estos partidos y temo que los puedan llegar a contaminar. También temo que en su ejercicio proselitista de la política vean el nacionalismos español como una herramienta útil para extenderse por toda España. Espero que no,porque sería traicionarse a si mismos.

    Una crítica que sí comparto contigo es su cierta vacuidad. C’s, al igual que UPyD, me parecen partidos social-liberales, aunque tal y como está la política me encuentro asiduamente a UPyD defendiendo posturas más izquierdistas que el PSOE. Pero el hecho de jugar en un frente nacional les hace ser transversales y eso no me gusta. Una cosa es huir de ciertas etiquetas y otra es intentar pegar un dia con la derecha y otra con la izquierda. Alguna reflexión sobre esto en UPyD he hecho en mi blog.

    Finalmente como ya te comenté alguna vez vislumbro un futuro de dualidad entre ERC y C’s. Claro, ese futuro lo vería si las cosas siguen por el camino que están, con un nacionalismo empeñado en la independencia y con un gobierno que sabe de sobra que no es posible sin gravísimas consecuencias para Cataluña, lo que impide que se pase de las palabras a los hechos.
    Si se produce un acercamiento, es decir, ir a un terreno intermedio con una reforma constitucional que pueda venderse como “cómoda” para el nacionalismo catalán quizá volvamos a la situación anterior. Pero como las cosas sigan así, CiU no pueda cumplir la promesa de 2014 y diga que han cambiado las cosas, ERC se eche sobre CiU calificándolos de traidores y rompa, con el PP y el PSOE desgastándose ante el hundimiento del sistema político de la transición, etc. No me parece nada descabellado un futuro de ERC y C’s como fuerzas dominantes en pocos años.
    Y no me gustaría, porque me parece que iriamos a un choque peligroso y negativo para la propia realidad social en Cataluña. Pero como posibilidad está y no la vería tan extraña.

    Saludos,

  2. Veo una diferencia clara entre Ciutadans y UPyD y se trata de su líder. Cuando escucho a Albert Rivera en alguna televisión parece un tipo de sensato. Le estuve viendo hace unas semanas en Al Rojo Vivo y aún estando en contra de la independencia estuvo explicando a los tertulianos los motivos de los independentistas. Es decir, razona y trata razonar.

    Rosa Diez no. Cada vez que la veo en televisión me parece que lleva un tremendo enfado encima. Tal vez no lo esté, tal vez sea su modo de hablar, pero Rosa Diez me transmite resentimiento y muy mala leche. Esto queda reforzado por detalles como sus vestimenta. Generalmente trajes oscuros muy austeros, que le dan una apariencia de profesora severa que refuerza más la sensación de que no esté tratando de convencerte, sino que simplemente te esté echando una buena bronca.

    A mi Rivera me gusta más como político que Diez. De hecho, alguna vez he comentado que Rosa Diez es el motivo principal para que yo no le de mi voto a UPyD. (A Ciutadans el principal motivo es no vivir en Cataluña, claro)

    1. Los líderes son muy importantes, sobre todo cuando hablamos de dos partidos con fuerte peso personalistas. En este caso, creo que a UPyD Rosa Díez le supera para mal y a C’s Rivera le supera para bien.

      Sin embargo, no hay que olvidar que hay un reparto de papeles (que hacen todos los partidos, solo que en C’s se nota más por ser más pequeños) entre Rivera y Cañas. Precisamente por eso he puesto a Cañas para ilustrar el artículo. Rivera es el chico bueno, el que cae bien y tiene discurso moderado. Cañas es el malo, el hombre cínico y duro del partido, látigo del catalanismo, el único diputado que siempre se expresa en castellano en el Parlament.

      Creo que, si estamos de acuerdo en que Rivera supera a C’s, Cañas representa mejor el ADN del partido. Solo hace falta coger al azar un discurso reciente de Cañas para ver cómo respira Ciutadans http://www.youtube.com/watch?v=vj-gPVSgsL8

  3. Omar Jayyam · · Responder

    Me parece pelin tendencioso el post. Y lo digo como crítica constructiva porque, en general, da la impresión de que intentas hacer un análisis serio y en algunos momentos lo consigues. Hay errores de apreciación que no sé si son por asumir apriorísticamente ciertas cosas o porque desconoces hechos que han sido omitidos por los medios catalanes.

    El origen de Ciutadans no es por el Estatut, sino por la constatación de que Maragall no era un alternativa al nacionalismo, como muchos habían creído. Tampoco se puede decir que el Estatut estaba asumido por todos cuando fue un fracaso (se olvida que apenas concitó el apoyó de un tercio del censo, tras una campaña brutal en los medios y sin oposición real).
    Es la oposición al nacionalismo, no al Estatut ni al independentimo. lo que estuvo detrás del nacimiento de Ciutadans. Y no es un partido nacionalista ni centralista, ni se puede defender honestamente tal cosa. A veces hay que recordar que aquí nadie ha pedido abolir las autonomías ni prohibir el uso del catalán. Por contra si hay quien pretende abolir el estado español en Cataluña y es un hecho que los castellanohablantes no tienen los mismo derechos que los catalanohablantes. Si quieres buscar motivos, ahí los tienes.
    Se te pasa por alto la grave crisis que siguió a la irrupción de Ciutadans y que a punto estuvo de acabar con el partido: errores de bulto como el pacto con Libertas, las discordias ideológicas por el crecimiento por aluvión del partido –se te olvida que hubo un intento de infiltración de la extrema derecha que se abortó con la expulsión de los infiltrados–, hacen que el repetir tres diputados y encima crecer se vea entonces como muy meritorio.

    Pero sobretodo, se te olvida que entre 2010 y 2013, la única oposición real al gobierno de Artur Mas fue Ciutadans. Mientras PSC y PP pugnaban por ser el socio de referencia de Mas, ERC e ICV se dedicaban al estilismo y a secundar a una “sociedad civil” muy bien engrasada que ya estaba en marcha con el tema machacón –¿recuerdas el referéndum por la independencia durante meses? ¿Con un 18% de participación? ¿Que luego publicitaron con un 90% de síes?

    Durante todo ese tiempo, muchos catalanes tuvieron ocasión de ver las intervenciones parlamentarias de Rivera –hasta sus enemigos le reconocen como el mejor orador del Parlament– , empezaron a aparecer en otras televisiones fuera de las catacumbas de la TDT y los Mas Media no pudieron seguir silenciándolos –durante el mandato de Terribas, hubo meses en los que no aparecieron ni un segundo en pantalla, y a menudo eran superados por el Bloc Nacionalista Valencià, un partido extraparlamentario de otra comunidad–.

    No cabe duda que la polarización en torno a la independencia les ha terminado de catapultar, pero negarles mérito es pueril, negarles las razones para existir es mezquino y cegato, y pretender que no son más que nacionalistas españoles es no querer enterarse de que no son ni Falange ni el PSA de 1980. Son gente que ha votado al PSC o a ICV durante años, que creían en un catalanismo propositivo, pero integrado en España y que se han sentido utilizados por el nacionalismo. No por ello se van a arrojar en brazos de otro nacionalismo. Pretender que sólo se puede uno oponer al nacionalismo catalán desde un nacionalismo simétrico es lo mismo que pretender que lo contrario de un democristiano es un islamista.
    Lo que pase en el momento en que Cs alcance la segunda posición en voto, y cada día me parece que está más cerca de lograrlo, sí que puede ser un reto para una formación que deba definirse sin las herramientas para implementar su ideario. En buena medida es lo que le pasó al PSC, tenía una teoría perfecta para haber formado gobierno en 1980, pero sólo pudieron definirse por oposición a Pujol cuando en realidad en muchas cosas no tenían nada mejor que ofrecer. Igual que los que esperaban otra cosa de Maragall lo abandonaron cuando se dieron cuenta que no les iba a dar la alternativa que esperaban, lo mismo puede llegar a pasarla a Ciutadans.

  4. 83banned · · Responder

    Decir que en España solo existe una nación, la española, y celebrar por ello el 12 de Octubre, es nacionalismo español, guste o no, el mismo nacionalismo que ha dejado tantos cientos de miles de muertos en España en los últimos cien años.

    Decir “es un hecho que los castellanohablantes no tienen los mismo derechos que los catalanohablantes” es mentir, y además hacerlo o bien desde la estulticia o bien desde un punto de vista supremacista. No sabría decir qué es peor.

    No hace falta tener mucha cultura política para desenmascarar tu planteamiento, Omar.

    Por lo demás, al margen de la hostia que los Ciudadanos se llevaron el domingo, la única posibilidad de que se coloquen como segunda fuerza en Cataluña es que en las plebiscitarías de Noviembre todos los partidos catalanistas se presenten en coalición, cosa que teniendo en cuenta lo bien que les va por separado, dudo que ocurra.

  5. I wonder why those servers with copyrighted content stay up. I see a lot of “don’t post any US content” but they don’t care at all about content from japan.. . Is it just that Japan doesn’t care much about their copyright laws?. . It is hundreds or maybe even thousands of servers with content from Japan but they only get DMCA warnings for US material or something that got translated by a US company.. . They also often have some content on their website, like images or small archives..

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