Elecciones en Catalunya 2012: Las estrategias electorales

La suerte de CiU se dio la vuelta en la Diada. Hasta entonces, la imagen del Govern se precipitaba en medio de una crísis económica que ha tirado una lista tan larga de gobiernos que ya hemos perdido la cuenta. La percepción de Mas estaba más cerca de ser la de “Artur I, El Retallador” que la de un hombre de Estado que acabaría dando salida a las antiguas aspiraciones de autogobierno de los catalanes. La sucesión de fracasos no parecía terminar, entre protestas en la calle, portazos al pacto económico y gestiones infructuosas para atraer Eurovegas.

Todo cambió el día que un millón y medio de catalanes salieron a la calle para pedir el Estado Catalán. Artur Mas supo coger el guante con la eficacia del que no tiene otra opción, convocando elecciones anticipadas (anticipadísimas, a decir verdad) y pillando con el paso cambiado tanto al PSC como a el gobierno de Rajoy. ¿Mas va en serio o es una postura coyuntural? Es difícil de predecir, pero en el ambiente catalan flota el convencimiento de que se ha superado un punto de inflexión a partir del cual las cosas van a cambiar. En estas elecciones la dirección de esos cambios está en juego.

CiU: Una reválida con la independencia de fondo

Convergencia i Unió concurre a estas elecciones como claro favorito. Los pasados sondeos auguran para ellos una representación en torno a los 65 escaños, al borde de la mayoría absoluta (68 parlamentarios). El último CEO prevé que consigan la mayoría absoluta. A CiU le interesa centrar el debate en la independencia, la financiación de Catalunya y el Estado propio. El President Mas plantea este adelanto electoral como una revalida de sus políticas y una especie de referendum previo para legitimar una consulta popular sobre la independencia de Catalunya. Un estudio de Feedback para La Vanguardia aseguraba a finales de septiembre que el giro independentista de CiU ocasionaría que un 5,5% de catalanes que antes les votaba dejarían de hacerlo, mientras que un 15% de catalanes que no les votaba lo haría por primera vez. Esta encuesta hay que tomarla con pinzas por varias razones (entre otras la cercanía al 11-S o las sospechas que crea en esta encuesta la habitual reticencia a la movilidad del votante), pero vale como dato indicativo sobre la incidencia del debate independentista para el partido de Mas.

CiU tratará de zafarse de la imagen que han dejado los recortes del gasto emprendidos por el Govern desde el inicio de la legislatura, las impopulares retallades. Para ello, plantea el debate económico siempre desde el punto de vista de la financiación autonómica y el déficit fiscal. La hoja de ruta de los convergentes prevé continuar con los recortes de gasto en la legislatura entrante. Además, si en las pasadas elecciones la propuesta estrella era un pacto fiscal con el gobierno central, en esta su postura se ha radicalizado y presentan un proyecto de gobierno con una consulta soberanista, todavía bastante amorfa, y una apuesta decidida por crear un nuevo Estado dentro de la UE.

El adelanto electoral responde a dos claves. La primera tiene que ver con una dosificación táctica de los tiempos, sacando a la agenda un debate en el que se siente cómodo. Tras la explosión de la Diada, el sentimiento independentista sigue muy candente y podría ser definitivo a la hora de emitir el voto. Además, pilla por sorpresa a su principal oponente, el PSC, que todavía está descolocado tras la salida del ejecutivo, de lo que hace poco tiempo, por lo que la mala imagen perdura. La segunda clave son los varapalos económicos del Govern, que han ido dejando una mala sensación, aunque sin ser en absoluto definitoria. Cuando cumplió un año en el poder, los catalanes daban un suspenso raspado al gabinete de Mas (4,7), pero aprobaban al presidente, declaraban una intención directa de votarle del 27% y apuntaban una fidelidad de voto a CiU del 71%, según un estudio del Gabinete d’Estudis Socials i Opinió Pública. Los recortes han seguido en Catalunya y el clima político se ha ido haciendo más adverso para Mas en lo económico. El President capeó bien el temporal responsabilizando a la financiación autonómica pero, cerrada la puerta al pacto fiscal, la excusa se acababa o había que mover ficha. Y han optado por moverla.

Convergencia i Unió pelea ahora por una difícil mayoría absoluta. Es vital para ellos obtener una mayoría suficiente para controlar el Parlament y poder llevar a cabo las reformas de calado que proyectan. Además, tienen un enorme interés en fomentar una cámara en la que las fuerzas nacionalistas sean muy mayoritarias. Esto serviría para arrinconar a PSC y PP, los dos partidos que más ferreamente se opondrían al referendum o el Estado propio.

Con todo, la baza de Mas es mantener el control en el proceso. No pude permitirse que otros agentes se pongan por delante en la larga marcha hacia el nuevo Estado, por lo que intentará controlar muy bien los tiempos y los pactos. Paralelamente tiene que luchar contra el descrédito que entre los propios independentistas podría suscitar unos pasos que se interpreten como poco valientes. A la hora de pescar voto, CiU tiene unas bases muy fuertes, pero algo de su voto potencial podría irse a partidos con más tradición independentista, como ERC o Solidaritat per la Independencia, y algo de su voto tradicional hacia partidos no independentistas. De hecho según las encuestas tanto ERC como PP crecen, una circunstancia que podría terminar dándole un susto a CiU.

PSC: Agarrados al “de momento”

El PSC se encuentra ante un panorama que le supera. Por un lado todavía estaba lamiéndose las heridas tras la abrupta salida del Govern, motivada por una nefasta combinación entre la economía y la reforma del Estatut. Por el otro, el partido no termina de encontrar un discurso que contente a sus dos almas, la vertiente catalanista y la vertiente más cercana al PSOE. Para no disgustar a sus bases, la formación socialista ha vuelto a sacar del cajón un desdibujado modelo federal, de manera atropellada en los últimos meses, y que muchos catalanes entienden como superado después de los fracasos del autogobierno en el frente institucional. En un movimiento calculado, el PSC recogió el derecho a decidir y defiende un referendum que, por otra parte, se iba a celebrar de todas formas. Hay que señalar que si bien la postura federalista es tan vieja como el PSC, y prueba de ello son las antiguas tensiones que esto les ha creado con el PSOE, en la práctica este es un objetivo muy utópico porque contempla el proceso del federalismo desde el consenso con el Estado, algo imposible por la postura del PSOE y sobre todo el PP.

Por si esto fuera poco, el PSC vuelve a tener problemas de encaje en el PSOE, un asunto recurrente pero que en esta ocasión toma tintes trágicos por el hundimiento del PSOE tanto en España como en diversas Comunidades Autónomas. El PSOE ya ha mostrado su rechazo a la propuesta del PSC partidaria de la consulta y del respeto a la decisión de los catalanes. Esta mala sintonía se podría interpretar a priori como una deriva radical de la federación catalana, pero nada más lejos. En realidad, una cúpula moderada ha cogido el timón del PSC, tratando de capear el temporal lo mejor que pueden, a veces dando palos de ciego y con una idea marcada a fuego: “de momento”.

De momento, el plan de Pere Navarro es no hundirse. En lo económico la estrategia pasa por dar toda la estopa posible a CiU por las retallades y presentarse con un plan distinto a la contención del gasto, tanto de Madrid como de Barcelona. En lo político, ser una “alternativa sensata” a la aventura independentista de CiU, sin negarse a las demandas mayoritarias de consulta en Catalunya. En lo electoral, lucharán contra el PP buena parte del voto unionista del cinturón industrial de Barcelona y algunas zonas de Tarragona, que tradicionalmente les han sido partidarias. Poco más pueden rascar, puesto que la contradicción de presentarse como un partido aglutinador del centro cuando este centro político se ha desplazado hacia la independencia es cada vez más nítida. Con los independentistas tienen poco que hacer y el voto claramente anti-independentista está copado por partidos como PP o Ciutadans. Les queda el voto federalista, un federalismo que como opción política tiene tendencia negativa.

¿Habrá batacazo? Todas las encuestas prevén caída, el último CEO les deja en los 15 escaños. Un trompicón mortal. Todo dependerá de la campaña que hagan y los votos que les quite ICV, principalmente. La campaña del PSC podrá seguirse de forma detallada desde SINTESIS NI ANALISIS en el Diario de campaña del PSC.

ERC: En busca del voto soberanista descontento

Esquerra Republicana de Catalunya se ha encontrado la campaña hecha. El partido hasta hace poco estaba en claro retroceso por el recuerdo del tripartit y la defenestración de buena parte de sus cuadros, pero el adelanto electoral le ha dado un balón de oxígeno que previsiblemente les haga recoger más fruto de lo que cabía esperar. La estrategia de ERC es, casi sin buscarla, recoger el voto independentista descontento con la política de Mas.

La principal baza de ERC es su pedigrí independentista. Esto, en un momento en el que el independentismo aumenta, podría hacerle ganar un buen puñado de papeletas. De hecho, ERC puede describir sus buenos pronósticos en la combinación de dos encuestas.

(Clic para ampliar la imagen) Esta gráfica, sacada de wikipedia con datos del CEO, detecta la pujanza ininterrumpida de la opción independentista en los últimos dos años. Casi desde el mismo periodo, la opción federalista cae, y todavía más la preferencia autonomista que respetaría el status quo de España. Si comparamos la querencia del Estado independiente entre la primera estimación de 2010 y la última de 2012, resulta que ésta casi se ha doblado.

La segunda señal para un buen pronóstico sería la percepción de los votantes con respecto a ERC. Según los datos del CEO, los catalanes identifican a ERC como el partido más catalán, algo por encima de Solidaritat e ICV y muy por encima de PSC. Cuando son preguntados por la identificación de los partidos de izquierda a derecha, ERC aparece como el partido más situado a la izquierda o a la extrema izquierda, seguido a pocos pasos por ICV. Un 52% considera a ERC de izquierda, al PSC un 34,7%. Añadido a esto, cuando a los catalanes se les pide que se sitúen a sí mismos en un gráfico izquierda-derecha, un 34,3% de ellos dice ser de izquierdas, y un 18% de centro izquierda. Otro 17,7% se situaría en el centro, y solo algo más del 11% entre las demás opciones de derechas.

Aun más reveladores resultan estos datos comparados con los del mismo estudio, el Barometre d’opinió politica, de 2010. Cuando se les preguntaron por sí mismos en aquella ocasión, un 31,7% se situó en la izquierda, un 18,5%, en el centro-izquierda y el 18,6% en el centro, las demás opciones de derechas sumaron un 11,8%. Aquel año el 42,2% de ellos se sentían tan catalanes como españoles, el  26,5% más catalanes y el 17,8% solo catalanes. Este año, 2012, el 37,3% se sentían tan catalanes como españoles, el 30,3% más catalanes y el  22,7% solo catalanes. Cualquier comparación entre estos porcentajes indica que la sociedad catalana se ha escorado a la izquierda y hacia el sentimiento catalán.

Todo esto valdría para garantizar la alegría de ERC. Pero hay consideraciones nada despreciables que juegan en su contra. El recuerdo del tripartit tiene todavía mucho peso. La experiencia de este gobierno, sobre todo la segunda fase, la de Montilla, ha pasado a la memoria de muchos como un gobierno malo, a no repetir. Además, historicamente los pequeños partidos suelen salir más resentidos de los pactos de legislatura, como ya apunté en IU y las llaves de gobierno envenenadas. Pero lo más grave es la fragmentación de la izquierda en Catalunya. Este esquema sería el mapa de localización ideológica de los partidos:

Gracias al nunca superado Microsoft Paint podemos observar que ERC tiene un grave problema con sus fronteras electorales. Hay hasta 5 partidos con los que comparte un nicho muy determinado y además no le disputan el terreno por el centro, sino desde atrás. La batalla es fuerte por parte de ICV, incluso CUP puede ser un problema si consigue el diputado de Barcelona. Completamente distinto es lo que ocurre con SI, al que muchos sondeos le dan por desaparecido.

PP: El voto útil anti independencia

El PPC es otro que se ha encontrado servido un trago dulce. Sin ser responsables, su tema fuerte se ha impuesto como eje central de estas elecciones y lo van a aprovechar al máximo. Los populares van a tratar de absorver todos votos anti independencia, por todos los medios. Esta opción tiene muy buena acogida en su electorado tradicional y podría garantizar votos “asustados” por la postura de CiU. Si los convergentes han conseguido traer a la normalidad la postura independentista, a la vez han arrojado a una pequeña parte de sus votantes algunos al PP, y estos no pueden dejar que se escapen.

El PP asiste a dos tendencias contrapuestas: por un lado el centro político catalán se ha desplazado fuera de su alcance. Por otra, su nicho se ha radicalizado. A todas luces podría parecer que el PP es lo suficientemente radical como para aglutinar ese voto, pero en este caso podrían tener penalización por partido grande que mucho abarca y poco aprieta, sobre todo cuando en Catalunya ya hay una opción concreta unionista, Ciutadans. El partido de Albert Rivera tiene el suficiente escoramiento anti independentista y tirón como para que la mayoría de sus bases se queden y atraer a algunos otros por reacción a Mas.

Por tanto, con su nicho reducido y radicalizado, no está claro que esto sea positivo para que el PP lo capitalice. El tercer factor en liza es la clave nacional del partido. La entrada al gobierno de Rajoy ha pinchado la burbuja ascendente del PP en la que se encontraba en las pasadas catalanas. Lo más probable es que el PP mantendrá el tipo, pero el equipo de Sánchez Camacho debería mostrarse una alternativa muy centrista para acaparar el voto de los descontentos del PSC y los anti independentistas de CiU, mientras a la vez conserva a los unionistas acérrimos que se podrían ir a C’s. Un truco de malabarista que obliga a manejar demasiadas pelotas.

ICV, SI, CUP y C’s

ICV es uno de los partidos con más posibilidades de crecer. Tiene importantes cosas a su favor como un modelo territorial resuelto y una filiación ideológica que recoge con habilidad la oposición frontal a CiU y PP. Su principal cantera de votos es el PSC, tanto desde el lado catalanista que considera que Navarro es tibio, como del lado izquierdista que considera idem.

Solidaritat podría perfectamente despeñarse. No ha aguantado el peso de la sonada salida de Laporta, y no ha podido consolidarse una imagen muy precisa del tipo de políticas que defienden más allá de la independencia. El voto útil será su mayor enemigo, atrapado como está entre ERC y CiU, ambos con tendencia al alza.

CUP podría entrar con un diputado. Las agrupaciones electorales bajo la marca CUP han tenido relativo éxito en la política local, y su salto a la dimensión autonómica no podría llegar en un mejor momento a tenor de los asuntos que están encima de la mesa. Pero que no pongan a enfriar el cava: un salto de esas características es muy difícil y se da con poca frecuencia. Tendrán que hacer un gran esfuerzo por llamar a la movilización de los suyos y contar con una parte de fuga de SI.

Ciutadans podría ser una auténtica sorpresa en estas elecciones. Tienen a favor la radicalización de su nicho, la movilización de sus electores por la cuestión independentista y la tendencia al alza de UPyD, un partido de características muy similares. Además, han sabido capitalizar la marcha españolista del 6 de Octubre en Barcelona. No sería raro que sacaran otro diputado más, siempre dependiendo del comportamiento del PP.

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