Cuando despertó, la izquierda abertzale todavía estaba allí

Hoy acaba la campaña en Euskadi. Ha sido bastante previsible aunque no por ello menos singular. No todos los días se ven campañas en los que una formación de reciente nacimiento aspira a quedar primera y en las que el partido en el gobierno pelea por quedar segundo. Los candidatos no han dado grandes sorpresas y lo más destacable de sus intervenciones fue el extraño debate del miércoles, muy difícil para todos por el formato y el número de asistentes, y quizás por ello demasiado cercano a la fecha electoral. Lo que sí es seguro es que la coalición Euskal Herria Bildu va a ser el gran condicionador de estas elecciones. Como espectador electoral, por momentos he tenido la sensación de que todos los partidos rodeaban a EH Bildu y se pasaban la pelota unos a otros tratando de que los abertzales no la cogieran, con miedo a no saber cuánto va a cambiar su presencia el día a día de la próxima legislatura.

Se diría que ha sido una gran sorpresa para PSE y PP. El PSE debía creer hace tres años que el nuevo escenario de mayoría constitucionalista iba a mantenerse, al menos hasta terminar la legislatura, para aventurarse a un pacto con el PP. Ni en las peores pesadillas de Basagoiti cabía esperar en un ascenso de este tipo para la izquierda abertzale. Es justamente esta miopía la que podría pasarles a ambos una tremenda factura el domingo. Si la primera regla de la política es que no se puede gobernar de espaldas a la voluntad de las mayorías sociales, el PSE lo ha hecho, y además con premeditación y alevosía porque aplaudieron cuando en Madrid ilegalizaban a un competidor directo en Euskadi.

La sorpresa, sin embargo, no es tal. El histórico de resultados de la izquierda abertzale, en conjunto, arroja unos datos clamorosos. Puede consultarse aquí el directorio con los resultados de todas las elecciones en Euskadi y aquí pueden verse los resultados de todas las formaciones políticas que han concurrido al parlamento vasco desde 1980 (aquí en escaños). Nunca fueron una sensibilidad pseudoresidual, tal como da la sensación observando el trato recibido por parte de otros partidos, el Estado, incluso el sistema judicial. Más bien al contrario, siempre estuvieron cerca de la mayoría social, aunque no llegaron a materializarla claramente por diferentes derroteros de la historia.

Tomen los dos últimos links, los históricos resultados de todas formaciones por votos y escaños, y hagamos un repaso. Situémonos en esa primera fecha, 1980. La izquierda independentista está muy fragmentada entonces, el sistema de partidos está sin construir. Herri Batasuna saca, de entrada y sin ser la política su opción preferida, unos 150.000 votos, 20.000 más que el PSE, y menos de la mitad que el PNV. Pero cuidado porque el cuarto partido en liza es Euskadiko Ezkerra, una formación abertzale nacida al amparo de ETA político-militar y contra la que lucha electoralmente HB. Si sumamos la fuerza de esas formaciones de izquierda independentista, su resultado valdría para doblar al PSE. Por dar un poco de contexto, aquellas eran unas elecciones en el punto más alto de la violencia política: en los años 1979 y 1980 las diferentes facciones de ETA contabilizaron 173 asesinatos  y el Batallón Vasco Español reivindicó otros 24. Los 151.000 votos de HB, 19.000 menos que los obtenidos en forales del año anterior, le valieron para sacar 11 parlamentarios, que nunca ocuparon el Parlamento Vasco, puesto que no lo reconocían. La opción de Herri Batasuna no fue en origen la vía principal de acción política de esta facción abertzale y se presentaban para parar el ascenso electoral de EE, sus enemigos más próximos. El PNV y el PSE supieron aprovecharse de estas desavenencias internas en las siguientes elecciones de 1984, en las que además se amplió el número de diputados a repartir en la cámara de 60 a 75. Los jeltzales aumentaron en 7 y el PSE 10 escaños, salidos los dos restantes de la descomposición de CDN y del PCE.

En 1986 se produce una escisión en el PNV tras la salidad de Garaikoetxea del gobierno, que funda Eusko Alkartasuna, un partido de clara inspiración socialdemócrata y abertzale. Obtienen el nada desdeñable apoyo de 181.175 vascos. Por su parte, HB y EE vuelven a darse un impulso electoral, llegando HB a rozar los 200.000 votos y quedándose EE en 124.423. La suma de las dos fuerzas se sitúa por encima de los 300.000, por delante de los conseguidos por el PSE y acercándose a toda velocidad a los del PNV. Si sumamos los votos de HB, EE y EA, suman casi medio millón de vascos y 35 escaños. Es la mejor cifra de la izquiera soberanista en su historia.

Hacia el final de los 80, el panoráma político observa el proceso de disolución de ETA polimili y como, tras ello, EE deja de tener su tradicional espíritu ligado al grupo armado. Tras las elecciones de 1990, donde en general la izquierda independentista cae y especialmente EE, estos deciden unirse al PSE. Esta alianza, lejos de aumentar el apoyo al PSE, lo reduce, y el partido que irrumpe con fuerza en las elecciones de 1994 es Ezker Batua, importando los buenos resultados generales de la IU de Anguita. 1994 será el último año de HB, donde 20.000 votantes se les fueron disgregados en otras formaciones. Hay que aclarar aquí que durante la década de los 90 ETA tenía el control de la mesa nacional de HB, tras la larga pugna de los 80 con los partidos ESB y LAIA. Para más información sobre HB recomiendo leer el trabajo de Gaizka Fernández Soldevilla “Orígenes de Batasuna 1974-1980”.

Al calor de la tregua de ETA de 1998, HB se integró en la coalición Euskal Herritarrok para acudir a las elecciones de ese año. Con esa formación consiguieron 224.001 votos, muchos más que en toda la historia de HB. Por su parte, EA perdió dos escaños, los mismos que aumentó el PSE-EE. Sin embargo la campanada ese año la dio el PP con un espectacular aumento de más de 100.000 votos y 5 escaños, quedando como segunda fuerza en Euskadi. En 1999 las negociaciones con el gobierno de Aznar se rompieron. También la tregua. La izquierda abertzale sufrió importantes escisiones a raíz de eso. El histórico dirigente Patxi Zabaleta se fue con un numeroso grupo de militantes a un nuevo partido, Aralar. Euskal Herritarrok perdió en las elecciones de 2001 la mitad de sus 14 diputados, quedando en 7. El PP volvió a subir, hasta los 16 escaños esta vez, y la coalición que EA había formado con el PNV arrasó con 33 escaños y 604.222 votantes.

A partir de aquí vendrían los años de ilegalización de la formaciones política de la órbita de Herri Batasuna. Pero esto no es lo que nos interesa ahora, lo relevante para el análisis electoral es que durante los 20 años anteriores a 2001 hemos visto varias constantes. La primera, que las opciones de izquierda soberanista, en su conjunto, rara vez ha bajado de los 20 diputados y 250.000 votantes, manteniéndose de media en 22,5 escaños y con picos de hasta 500.000 votantes. La segunda es que el PNV ha estado en cifras solo un poco mayores. La media de diputados de los jeltzales en el periodo 1980-1999 fue de 23,2 diputados, rondando en una horquilla entre los 300.000 y 350.000 votos. La tercera es que, si hacemos un ejercicio de imaginación y recreamos en la imposibilidad histórica de que la izquierda abertzale se hubiese presentado junta, el soberanismo hubiera ganado en el 86 y en el 90, y se hubiera quedado a un escaño del PNV en el 98.

Con estos datos, ¿la irrupción de EH Bildu puede pillar hoy por sorpresa? Una década de ilegalización de Batasuna, la actividad institucional de Aralar -que de alguna manera y como ya me dijo Patxi Zabaleta en una entrevista en 2010, son a la postre los ganadores del débate iniciado en 1999-, y el alejamiento paulatino de EA del PNV, han conformado ahora una coalición que por primera vez se presenta como voz unica del independentismo vasco de izquierdas. Siempre estuvieron ahí, manteniendo sus cotas, como una tendencia enraizada en el alma política vasca. El nuevo panorama se abre ante la izquierda abertzale habiendo superado su disgregación en familias políticas, habiendo por fin consensuado un proyecto común y con la fuerza de un programa renovado y factible. En su propia redefinición está su fuerza.

Los intentos de tener una sola expresión política del independentismo en los que había fallado la Koordinadora Abertzale Sozialista en el final de la dictadura, ETA militar en los 90 y la refundación de HB en octubre del 2000 -cada uno bajo sus propios parámetros-,  han sido ahora realizados por EH Bildu, una formación que Otegi y su grupo de confianza, los encarcelados por el Bateragune, se han encargado de proyectar y llevar a cabo durante casi una década. Estas elecciones serán la reválida del proyecto Otegi. A corto plazo, podría ser la culminación de un rosario de pequeñas victorias electorales de los abertzales. A largo, es sin duda el comienzo de un tiempo político de protagonismo soberanista de izquierdas en las instituciones vascas.

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3 comentarios

  1. El auge de EH Bildu no puede sorprender a nadie. Simplemente tendrá lugar por haber reaparecido en el mapa electoral esta fuerza intermitente. Los resultados de las elecciones en Euskadi suelen caracterizarse por una estabilidad que conocen pocos territorios.

  2. Pello Joxepe · · Responder

    Muy bien. Solo una consideración: la EA de hasta hace muy poquito no se puede identificar tan fácilmente con el grupo de formaciones de la izquierda soberanista actual. No olvidemos que proviene del PNV y que ha tenido en su formación dirigentes (y votantes) de una tradición política totalmente “jelkide”, y nada de izquierda. La foto que estamos viendo ahora, para mí, es una foto histórica, donde estas fuerzas ahora integradas en EH Bildu nunca han tenido tanto apoyo electoral, EA había sido, incluso antes de su última escisión, reducido a unos pocos 40.000 votos, con la IA ilegalizada… Los resultados de Bildu y de Amaiur fueron realmente sorprendentes, sobre todo el primero, que era algo que no se esperaba, y se sitúan en cotas históricas.

  3. […] y Navarra, volví a interesarme directamente por la cuestión abertzale hasta en tres artículos [1] [2] [3], sin contar mi investigación sobre la primera víctima de ETA, asunto que toca también, […]

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