Un año de resistencia por una vivienda digna en el ‘Edifici 15-O’

Las doce familias que ocuparon las viviendas del “Edifici 15-O” continúan luchando por su futuro – “Queremos pagar un alquiler social y quedarnos a vivir legalmente aquí porque ya es nuestra casa”, afirma Patricia Ortiz, una de las inquilinas.

Por las ropas tendidas en las ventanas y los niños jugando en la plaza, parecería que el edificio del número 2 de la calle Almagro, en el barrio barcelonés de Verdum, lleva toda la vida habitado. Sin embargo, la 12 familias que hoy ocupan las viviendas llegaron al inmueble hace solo un año. En su mayoría, habían sido desahuciados de sus viviendas y no podían hacer frente a un alquiler por su condición de precariedad y exclusión social. Todos ellos encontraron en Almagro un clavo al que agarrarse brindado por los vecinos que abrieron ese espacio, construido con fines especulativos y abandonado tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, cuando ya no fue posible sacarle rentabilidad.

La situación de las 12 familias residentes en el inmueble son diversas, pero todas tienen como telón de fondo la pobreza y la exclusión. En esta situación, estas personas han encontrado en el inmueble una forma de mejorar sus vidas, de manera temporal o no. Patricia Ortiz asegura que la solución más razonable de cara al futuro sería formalizar su situación. “No queremos estar de un lado a otro, preferimos pagar un alquiler social para poder quedarnos en estas viviendas”, apunta Patricia, una mujer joven que vive sola con sus tres hijos. Patricia llegó al número 2 de Almagro después de haber sufrido un desahucio de su vivienda por no poder pagar el alquiler. “Nos fuimos los cuatro a una habitación alquilada, pero aquello era insostenible. No he tenido ninguna ayuda en todo este tiempo, ni por mis hijos ni por mi situación, he trabajado algunos periodos, pero cortos”, explica mientras sujeta el carrito con su hijo más pequeño, a los pies del edificio donde han hecho vida durante los últimos 12 meses. Llegar allí fue para Patricia una tabla a la que agarrarse en medio del mayor naufragio económico de su vida. Por eso muchos vecinos se aferran a esas paredes como si fueran lo único que tuvieran, aunque legalmente no tengan ningún derecho sobre esa propiedad.

La historia del bloque de Almagro nº2, posteriormente bautizado como “Edifici-15O”, comienzó precisamente el 15 de octubre del pasado año. Aquel día, movimientos sociales de toda Barcelona convocaron una manifestación unitaria que sacó a la calle a miles de personas para reivindicar el derecho a la educación pública, sanidad y vivienda, derechos que estaban siendo cercenados por las tijeras del gobierno de la Generalitat. Al terminar la manifestación, tal y como los organizadores habían previsto, la riada de manifestantes se partió en tres. El primer bloque, el bloque blanco, ocupó simbólicamente el Hospital del Mar, muy afectado por los recortes, en reivindicación de la sanidad. El segundo bloque, el rojo, acudió a una asamblea abierta en la facultad de Humanidades de la Universidad de Barcelona, en el Raval, en defensa de la educación pública. Por fin, el tercer bloque, con el color verde, hizo el recorrido más largo, hasta el barrio de Verdum en el distrito de Nou Barris. Allí, en una acción más directa que simbólica, ocuparon el edificio situado en el número 2 de la calle Almagro.

El frente judicial está abierto desde entonces. Hibai Arbide, el abogado que lleva el caso, explica que el pasado 9 de noviembre de 2011 el juzgado dictó el sobreseimiento a la denuncia penal presentada por Cajamar contra los residentes del Edifici 15-O. Una año después, Cajamar vuelve a intentarlo, esta vez por lo civil, con una nueva denuncia. “Cajamar pretende hacer valer el derecho a la propiedad como si se tratara de un derecho absoluto”, comenta el abogado Hibai Arbide. “No consideran la acción social que este inmueble ha tenido durante el último año”.

Mientras tanto, ajenos a la batalla judicial, los habitantes de la finca se han organizado para mantener las instalaciones. Para Felix, otro de los inquilinos, es vital que los espacios comunes se conserven limpios y en orden. Vive con su pareja en la tercera planta y los fines de semana lleva a sus hijas. Su casa está muy bien equipada y es una de las grandes, con un gran salón comedor muy luminoso. “La obra estaba casi terminada, faltaban unas cuantas cosas que he ido haciendo poco a poco. Pintura, los rodapiés, esas cosas. El aseo era la parte que más trabajo necesitaba, le puse el lavabo y lo adecenté bastante”. El trabajo es impecable. Algo más modesta es la casa de Gabriel, uno de los pisos pequeños de los dos tipos que había. También cuenta con un salón comedor, aunque más pequeño, y dos habitaciones. Gabriel asegura que “no necesitan más”. “La escalera y los pasillos están bastante descuidados -describe- aunque no sucios porque cada uno se encarga de su parte. Hemos hablado de cobrar una pequeña contribución, pero hay gente que no está de acuerdo”. En conjunto, el de Almagro 2 es uno de los mejores edificios de la zona, donde la mayoría de las casas son humildes, construidas en los sesenta al calor del crecimiento demográfico que trajo el desarrollismo.

Llegada de los inquilinos y manifestantes al inmueble, hace un año :: Fotomovimiento

Nou Barris en un distrito obrero barcelonés situado en las afueras, al norte de la ciudad. Tiene el deshonor de registrar el paro más alto de toda la ciudad de Barcelona, y una de las más altas del estado. Además, el distrito es uno de los que más desalojos registran. No fue por casualidad que los activistas por la vivienda eligieran este barrio para ocupar un edificio donde realojar a algunas de las familias más tocadas por la desgracia económica. “El bloque de Almagro destacaba por varias razones, la primera de ellas el emplazamiento. Nou Barris es uno de los lugares más reivindicativos de la ciudad y también de los que más están sufriendo el golpe de esta estafa económica que estamos viviendo”, explica Laureano Cerrada, una de las personas que el pasado año se implicaron en el proyecto. El edificio de Almagro, según cuenta, era fiel reflejo de la historia de especulación que había azotado a tantas familias. Construido sobre los cimientos de una antigua vivienda de dos alturas, el promotor firmó una permuta con los antiguos dueños de la propiedad por la que el solar pasaba a manos del promotor y, a cambio, la familia antiguamente propietaria recibiría en propiedad dos de las 12 viviendas de nueva construcción, con derecho a garaje. El pinchazo de la burbuja pilló al edificio a medio construir, aunque casi acabado.

El promotor, que a su vez había pedido un préstamo con Cajamar para financiar la obra, no pudo hacer frente a la hipoteca. 5 años después, el inmueble casi finalizado estaba cerrado y sin cláusula de habitabilidad. Los ex-propietarios de la finca nunca recibieron los pisos prometidos ni reparación económica alguna. El promotor del inmueble entregó el edificio a Cajamar para saldar la deuda por el préstamo recibido, una medida que se conoce como dación en pago y que, paradójicamente, es la medida más reclamada por los movimiento provivienda digna. Por su parte, los vecinos de Verdum nunca vieron la llegada de los nuevos vecinos al barrio.

Todo cambió el día 16 de octubre. Las personas que habían ocupado el edificio y pasado la noche custodiándolo se despertaron temprano con el alboroto de los periodistas que aguardaban a los pies del inmueble. En seguida comenzaron a llegar las primeras familias, buena parte de ellas provenientes de un desahucio realizado dos semanas antes en el número 109 de la calle Sant Pau, en el barrio del Raval, que había dejado a media docena de familias en la calle. Otros, como la familia de Gabriel Pérez, acababan de vivir una situación similar de desalojo. “Teníamos cuotas atrasadas del alquiler y nos sacaron por la fuerza de nuestra casa, a mi mujer, mis tres hijos y a mi, fue muy violento y muy desagradable”, recuerda Gabriel. “Llegar aquí fue una gran ayuda en un momento muy malo, pero siempre he tenido claro que esta situación es temporal, solo hasta que nuestra situación mejore y podamos irnos a vivir de alquiler”, apunta el inquilino, que afirma que las cosas empiezan a irle bien y que cree que pronto podrá hacer frente a los pagos de una renta.

“Mientras los bancos reciban dinero público no pondrán el parque de viviendas a la venta a los precios reales del mercado”, asevera tajante Laureano Cerrada. Las plataformas provivienda han intentado imitar el modelo del Edifici 15-O en otras ciudades. En Sabadell la Plataforma de Afectados por la Hipoteca ocupó un edificio el pasado mayo con la intención de cederlo a personas sin hogar. La acción se repitió Olot y Sant Cugat, en Madrid se ocupó un antiguo hotel y en Sevilla varios bloques de viviendas. “El caso del Edificio de Almagro fue el principio de un virus que se extendió por muchas otras ciudades”, asegura Laureano Cerrada. Y apostilla: “Quizás no ha sido el caso más exitoso, pero sí fue la primera vez que una ocupación dejaba de lado los objetivos meramente políticos para dar solución a un problema puntual de unas familias determinadas”.

Ahora, la mayoría de vecinos mantienen la esperanza de quedarse en sus casas. Ha sido mucho el trabajo que han llevado para tomarlo y mantenerlo, y no conciben irse sin tener al menos otro techo seguro bajo el que cobijarse. Gabriel sirve una taza de café, manda callar a sus hijos, que juegan a gritos en el sofá del salón y dice: “Todos tenemos derecho a una vivienda y creo que nosotros hemos demostrado que estamos dispuestos a hacer lo que sea por unas condiciones de vida dignas. He trabajado toda mi vida por dejarle un futuro a mis hijos y, por muy mal que lo pase, no me voy a rendir ahora. No nos vamos a rendir”.

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