La oportunidad perdida del PNV

El Nacionalista Vasco no es un partido al uso de los que pululan por España. Como muchos, tiende a ser poco elástico electoralmente y como los mayoritarios acoge en su seno a opciones demasiado diversas como para definirse en el trazo fino. Pero hasta ahora ha mantenido una organización interna eficaz y, de alguna forma, las decisiones se habían irradiado de abajo a arriba. Desde la transición el PNV supo identificarse bien con Euskadi, captando y dando respuesta a algunas de las aspiraciones más atávicas de su pueblo. Se comportó durante años como un partido de estabilidad en casa y como uno enormemente interesado en España, agradable o desagradable para el Estado en función de sus propios intereses en una negociación más grande, entretejida entre siglos pasados y con fin en un futuro siempre lejano, como el sudario de Penélope.

Pero ese futuro lejano ha llegado. El hábil negociador que estaba al otro lado en la mesa está amenazado de muerte por una crisis económica que puede quebrar quien sabe si el sistema de partidos, quien sabe si el modelo de estado. Ahora vale más la voluntad política que el regateo. A falta de un minuto para el final del partido el PNV se para a preguntarse cuánto está dispuesto a arriesgar de este empate para intentar la victoria. Y no halla una respuesta que se contente a sí mismo.

La virtuosa costumbre de los jeltzales de recoger el recado de los vascos se ha convertido en su mayor problema ahora que el nacionalismo democrático se parte en dos con la irrupción más posibilista del independentismo. La izquierda abertzale, contra todo pronóstico de hace una década, se ha unido en torno a un proyecto exclusivamente democrático y ha empezado a jugar muy fuerte en las elecciones. Al PNV le tocaba otra vez negociar de tú a tú, pero esta vez no con España sino con las posiciones más independentistas. Era el momento de que el partido impusiera un golpe de mano y volviera a ponerse al frente del proyecto de un nuevo estatus.

Muy al contrario, impusieron a Urkullu. Quizás es que el partido no está maduro para plantear una ofensiva como la que se está marcando CiU. Quizás los 6 años del tripartit catalán han sido los 3 años de López en Euskadi, y quizás es que necesitan como los catalanes llegar al poder para consolidar su “nueva vía”. Pero Urkullu no tiene ninguna pinta de ser la nueva vía y, de hecho, dista mucho en audacia a antecesores como Ibarretxe. Parece darse por descontado que el candidato del PNV quiere otro marco de relaciones con España, pero mientras que la izquierda abertzale lo proyecta como una idea nítida -independencia-, Urkullu y los suyos no pueden darle forma y acuden a las elecciones sin que los vascos sepan muy bien cuál es el modelo nacional del PNV.

Cada vez que Urkullu es preguntado por la independencia de Euskal Herria se hace una maraña de piruetas verbales. Soberanía, estatus político, estatuto, Euskadi, autogobierno. Todo se le mezcla. El PNV, con una extensa historia de logros políticos que han configurado la Euskadi actual, es ahora incapaz de configurarse a sí mismo. Y huelga decir que un partido que se dice nacionalista que no puede articular su visión del nuevo modelo de estado está abocado al fracaso. Sobre todo cuando, tal y como ocurre, el anterior modelo está desquebrajándose.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s