Periodismo ciudadano, donde los medios no llegan

Periódicamente los diarios impresos tiran la casa por la ventana y preparan reportajes con mucho trabajo por detrás. La mayoría de ellos son historias humanas y, por lo general, cuentan dramas cotidianos, historias de superación, situaciones que afectan la gente que todos conocemos, esas cosas. Suelen publicarse los fines de semana con amplio despliegue fotográfico y gran dispendio de papel (“con muchos blancos, que respire esa letra”). No hace falta poner ejemplos, todo el mundo entiende de cuales hablo. Y si no, puede coger su diario local del pasado domingo y buscar, están ahí.

Entre esos reportajes los hay mejores y peores, imaginativos con buenos temas, o lo contrario. Sin embargo, a mi me gustan siempre. Lo tienen todo para ser unas buenas páginas de periodismo porque se prestan a que el redactor dé un giro a la forma de contar y que se atreva con unas fuentes que no suele manejar, la gente normal y de la calle, la gente que hace cosas. Sí, hemos llegado al punto en que sólo esto es ya digno de admiración.

El único problema de estos reportajes son la periodicidad: huelen a fin de semana que tiran para atrás. El tipo de periodismo que se vislumbra en esos textos es el que se debería hacer todos los días. Debería de ser la manera natural de tratar los temas de actualidad que ocurren debajo de las ventanas de las redacción, al margen de la agenda. Debería. La realidad es que pocas veces ocurre.

Tomemos temas actuales: hay protestas en todo lo largo del territorio del país, se están produciendo constantemente noticias relacionadas con los recortes en la administración pública y hay montones de asuntos de empleo que afectan a millones de ciudadanos. ¿Por qué los diarios no están llenos de reportajes de calle? ¿Por qué cada vez cuesta más ver reporterismo? Entre otras cosas, por el problema de las fuentes, la consabida “oficialitis” a la que ya dediqué un post.

Pero la ley se cumple inexorable: allí donde hay un hueco vacío en el mercado aparecen alternativas para cubrirlo. Si el lector tiene hambre, siempre hay alguien dispuesto a saciarlo. Son el periodismo ciudadano y los medios de comunicación alternativos los que están actualmente cubriendo este flanco descuidado por los grandes medios.

Lo constaté la semana pasada con las protestas de los Mossos. Por si alguien no lo sabe aún, la policía autonómica catalana protestó contra los recortes que les afectaban acampando en las comisarías. Pues bien, muy pocos medios acudieron a los lugares en los que estaban pasando las cosas. Entre los que mejor lo cubrieron me llamó la atención esta entrevista con un mosso publicada en ciberrevolución. El autor del blog no es periodista de profesión, pero dio un baño de oficio a todos los medios adelantándose con una entrevista a una fuente que estaba allí esperando a que le preguntaran para decir cosas interesantes.

Es sólo un ejemplo de lo que está ocurriendo a diario. Si los medios no tienen la flexibilidad de ofrecer información inmediata a pié de calle, pronto no podrán hacer nada frente a los ciudadanos.

PD. Una buena salida es la colaboración. Esta tarde el diario El Correo, desde la redacción de Vitoria, ha hecho una de esas cosas que conviene hacer cuando no se puede llegar a todo: ayudarse de los ciudadanos. Se han enterado de que salía humo del estadio Buesa y, como no tenían a nadie allí, han tomado la foto de un tuitero, correspondientemente atribuída. Perfecto manejo de la herramienta y perfecto trabajo de calle sin salir de la redacción.

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