La democracia a veces me pega

A raíz de la carga policial que tuvo lugar el viernes en Barcelona para desalojar la acampada de la Plaza Catalunya se han difundido muchas de las duras imágenes de la intervención. Cargas como la de hoy han ocurrido desde siempre, pero la proliferación de lás cámaras de foto y vídeo y las redes sociales han conseguido que una gran parte de la opinión pública pueda ver de cerca el grado de violencia policial que se ejerce habitualmente en una democracia consolidada como la nuestra, indignando a muchos ciudadanos y partidos políticos. Eso ha provocado una reacción inédita en la opinión pública y, encadenada, en los partidos políticos. Pero dejaré este asunto de lado por un momento y me centraré en los hechos objetivos sucedidos esta mañana.

En primer lugar hay que cuestionar la necesidad de la intervención de los Mossos. Es cierto que algunas acampadas pueden constituir un problema para la movilidad en la ciudad, para el comercio colindante o incluso un foco de altercados violentos. Pero nada más lejos de la realidad en la ciudad de Barcelona, puesto que la acampada en Plaza Catalunya ocupa el centro peatonal de la misma, lugar por donde no hay tránsito de vehículos ni comercios alojados. Las aceras colindantes, lugar donde están los comercios de la zona, así como las calles circundantes (Ronda de San Pere, Carrer de Fontanella, el final de la Rambla y principio de Gràcia) han permanecido limpias y desocupadas desde que empezó el movimiento. Tampoco han sucedido actos violentos reseñables y, desde luego, no en los últimos días. Si algo ha creado problemas han podido ser las concentraciones, en las que muchos días se han reunido unos 6.000 indignados , pero la actuación policial no ha sido contra una manifestación ni tendrá un efecto disuasorio en ellas sino todo lo contrario. Por no hablar de que las manifestaciones ciudadanas, fuera de los momentos de campaña electoral, son completamente legítimas. Con base en todo esto se puede concluir que la actuación de los Mossos se ha decidido con motivaciones políticas, después de las elecciones y en un momento en que el movimiento está tratando de consolidarse con cierto éxito.

En segundo lugar hay que plantearse la proporcionalidad de la intervención. Viendo las imágenes parece claro que los Mossos d’Esquadra han sido extremadamente violentos contra personas que no les atacaban. Se han visto porrazos contra grupos de gente sentada en el suelo, contra la prensa, contra cualquiera que pasara por allí. Además de eso, hay un centenar de heridos. Botes de humo, disparo de salvas, pelotas de goma y tratos vejatorios contra un grupo de ciudadanos que protestaban pacificamente. Los Mossos han cargado con todas sus fuerzas contra ciudadanos que no habían cometido delito alguno, ni pensaban cometerlos. Y lo peor es que los responsables de la carga, el conseller de Interior Felip Puig, el President Artur Mas y el Director General de la policía de Cataluña Manel Prart, han justificado la operación de hoy sin autocrítica alguna y con motivo de “garantizar la seguridad de los servicios de limpieza” (Manel Prat). Si esto fuera cierto, el cuerpo de los Mossos d’Esquadra sería carente de la mínima profesionalidad que se puede requerir a un cuerpo de polícia moderno.

Lo cierto es que sólo mienten. Mienten cuando dicen que “no se ha disparado ni una pelota de goma” (Manel Prat), y mienten cuando dicen que la motivación era “higiénica”. Detrás de esto había motivaciones políticas, no se puede entender de otra manera. Es difícil especular con la razón, pero lo seguro es que algo han visto en estas protestas que no les ha gustado nada. Saben que el principio de un movimiento así en medio de una crisis económica que está fracturando la sociedad puede degenerar rapidamente y convertirse en algo fuera de su control. Ha sido un aviso.

Uno de esos avisos que, además, ocurren con frecuencia. Si bien hasta ahora siempre les ocurrían a grupos pequeños. Huelgas obreras, reivindicaciones abertzales, manifestaciones anti-globalización, etc: grupos minoritarios que no consiguen hacer tanto ruido. Sin embargo, en un movimiento tan heterogéneo y extendido como el del 15M, es lógico que ante este tipo de cosas se cree un efecto de bola de nieve y los documentos se difundan, sobre todo cuando les dan la razón en que el sistema imparte (in)justicia inmediata y aleatoriamente cuando le interesa. Volviendo al principio, si combinamos esa bola de nieve con lo facil que se ha puesto en los últimos años obtener y difundir imágenes, entendemos porque se ha levantado semejante polvareda. Los ciudadanos, viendo la crudeza de las intervenciones, nos cuestionamos si es posible que la democracia nos ataque o que en nombre de nuestra seguridad se ejerza la violencia desmedida contra individuos que protestan pacificamente. Y, he de confesar, a todos los que se sorprenden tanto, que la respuesta es sí. La democracia a veces nos pega. Pero dice que es porque nos quiere.

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Un comentario

  1. Quien te quiere bien no te pega,ni te insulta,este tema es complejo, pero las autoridades de este país si tienen muy subidos el cargo,ya que sus sueldos y su inmunidad se lo permiten.Cuando se les debería juzgar por su no correcto cometido, porque si hicieran bien su trabajo, no ocurriría eso, pero como ellos no viven en el mundo real, sino el de “nosotros hemos llegado arriba”, púes así nos va a todos.Sobran muchos políticos y cargos que no son rentables a la sociedad que es quién les paga en definitiva.

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