The Ultimate Racist Colection ’10

El marketing musical de la última década ha demostrado que resulta imposible vender más sólo mejorando la caja. Se ha visto por doquier en colecciones, recopilaciones póstumas, libro-discos, álbumes de fotos de acompañamiento y box-sets de todo tipo, que no han hecho más que incidir en el desvanecimiento de una industrial musical empeñada aún en empaquetar la basura de siempre en plásticos nuevos. Y esa industria ha ido a pique porque el público, como es obvio, no picó.

El mismo modelo fallido se ha tratado de imitar en Vic al cerrar el padrón a los extranjeros: es el viejo racismo de siempre envuelto en argumentos novedosos , no ya de carácter nacional y racial, sino social. No hay trabajo para todos, dicen. O vienen a bajarnos los salarios. O solo quieren cobrar el paro. Pero estos argumentos son tan mentira ahora como lo han sido siempre y el público no tarda en darse cuenta, porque la imagen de los inmigrantes que transmiten los mensajes populistas de los políticos no se corresponde con la que guardan los ciudadanos. La gente, cuando piensa en inmigrantes, piensa en el argelino que arregló su cocina, en Yussuf el compañero de clase de su hijo, en la colombiana que cuida de la señora del 4º, o en el chino que abre de 9 de la mañana a 12 de la noche la tienda de comestibles. Y esos, lo saben porque les conocen, no han venido a conquistar Al-Andalus.

A lo mejor los políticos son sólo comerciales de stock ideológico, o a lo peor es que de verdad no tienen ni idea de lo que pasa en las vidas de sus representados. En España, por suerte, se ha dado la singular circunstancia de que los inmigrantes se han integrado con normalidad, pese a ser seres irracionales atraídos por el efecto llamada de regalar -¡oh, qué despilfarro!- sanidad y educación. Se han incorporado a un mercado laboral que les necesitaba, han escolarizado a sus hijos y han alcanzado un nivel de convivencia admirable para provenir de lugares donde no emiten Gran Hermano. Hasta han especulado con la vivienda, ¿acaso se puede intentar ser más español con más fuerza? Sin olvidar que la mitad de los bares de carajillos, con su pata de jamón colgada y su máquina tragaperras incluidas, son propiedad de chinos.

Los políticos, sin embargo, siguen tirando de argumentario. Creen que echar la culpa a los inmigrantes de la crisis rebajará la suya. Hay que buscar cabezas de turco, y si no hay turcos, los moros pueden valer. Basura de siempre empaquetada de distinta manera. Pero hace tiempo que la gente no pica.

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