Actos humanos

Lo malo no es que el presidente de la Generalitat valenciana pierda la cabeza y, desde lo alto de una tribuna parlamentaria, asegure que a su rival político le gustaría coger una camioneta, venir a su casa de madrugada y que a la mañana siguiente apareciese muerto, boca abajo, en una cuneta. Esa fantasía es perversa y retrata el estado al que ha llegado el molt honorable Camps, pero es un acto humano: nada, mucho menos el poder, vacuna contra la locura. Lo peor es lo que viene después: el aplauso cerrado de todo el grupo parlamentario que, sin dudar ni un segundo, respalda a su líder mientras el eco de su eructo (eructar: expeler por la boca los gases del estómago) aún resuena en las paredes de les Corts.

Ferraris y camionetas, de Iganacio Escolar en Escolar.net

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