La ciencia española no necesita tijeras, ¿o sí?

Hoy es el día en el que un montón de bloggers, a iniciativa de La Aldea Irreductible, agitan el puño enfurecidos contra el recorte presupuestario del gobierno en I+D+I. No es de extrañar. El presupuesto para ciencia e innovación será ridículo el próximo ejercicio, y más en un momento de crisis en el que la única salida es la tecnología y la producción competitiva.

No obstante, y aún oponiendome al recorte presupuestario, aprovecho el evento para lanzar una idea, sugerida hace unos días por el lector Científico Frustrado en un comentario: No es la subvención la que sacará a España de la oscuridad científica, sino un sector público fuerte que apueste, con el dinero de todos, por tecnología útil para todos.

Las subvenciones son dinero regalado a empresas privadas, que persiguen unos objetivos privados y consiguen unos resultados privados, es decir, con el dinero de los ciudadanos investigan en los proyectos que les benefician y son rentables a ellos, sin contar con los intereses de quien está poniendo el dinero. Y esto, en una economía liberal, no se puede permitir. Hemos de ser conscientes de que como contribuyentes somos accionistas de una empresa estatal, y que debemos pedir resultados favorables por lo que pagamos. De tal manera, si subvencionamos (apoyamos, promocionamos, donamos) a las industrias científicas y éstas no consiguen unos resultados favorables para nosotros -para todos nosotros-, tenemos el derecho de negarnos a seguir pagando una factura que no rentabiliza. Y la decisión final de si es rentable o no la debe tomar el Parlamento, representando a los contribuyentes en junta de accionistas.

La posibilidad de que el sector público investigue con dinero de todos, y consiga unos resultados para todos no debería caer en saco roto. Es una vergüenza que con el dinero de todos no se innove en, por ejemplo, medicinas para enfermedades raras que no tienen suficiente número de enfermos para ser rentables, o esas otras que, teniendo un número de enfermos elevado, son enfermos sin capacidad adquisitiva. Y de esas actuaciones, de la industria farmacéutica o de otras igual de injustas, tienen la culpa las subvenciones a empresas privadas, y consecuentemente nosotros como sociedad que estamos pagando impuestos sin exigir actuaciones éticas con nuestro dinero.

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One comment

  1. Por supuesto que las subvenciones son una lacra, en la investigación y en el cine, por poner otro caso relevante. El problema es que no se estimula de ninguna forma la investigación privada, y ese pensamiento de que la investigación privada sólo estimula el beneficio privado es una falacia, si me permites. Evidentemente todo avance realizado de forma privada beneficia a la empresa que lo ha creado, pero también al país, porque crea puestos de trabajo, aporta beneficios públicos en forma de forma de impuestos, aranceles, etc., y además, si el estado es suficientemente inteligente (cosa que ahora mismo no es), puede socializar esos beneficios de formas muy diversas. Pero aquí no hay inversión ni pública ni privada. Ese es el problema al que nos enfrentamos ahora mismo.

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