La falsa realidad, el dilema del informador gráfico

Siempre he considerado al periodismo como una disciplina más humilde que la sociología, aunque próximamente emparentadas. Si la sociología trata de describir y explicar la fenomenología social, el periodismo se conforma con dar cuenta de esos fenómenos con el mayor rigor posible. En palabras de Timothy Garton Ash, el periodismo es la historia del presente, o de pasado inmediato. Continuado con la comparación con la sociología, al periodismo no se le pide que dé respuestas a las causas de las manifestaciones estudiantiles ocurridas ayer en Barcelona, solo que las cuente. La labor principal del periodismo es el reporterismo, sin menospreciar cualquier otra de sus labores.

El periodismo y la sociología comparten una preocupación en cuanto al desarrollo de su investigación. Al ser el objeto de estudio la propia sociedad, el investigador está dentro de ella y puede modificarla. El temor es que, al introducir el factor del estudio, las condiciones cambien y los hechos no se desarrollen de la misma manera que lo hubieran hecho sin estar llevándose a cabo dicho estudio.

Esto, que suena tan farragoso cuando es expuesto en las facultades de periodismo, tiene demostraciones prácticas en la labor diaria. Sobre todo en el trabajo del informador gráfico. Veamos un ejemplo:



Esta foto fue tomada ayer sobre las 17:30 de la tarde en Plaza Espanya de Barcelona, durante las manifestaciones estudiantiles. ¿Es simbólica, no? Un manifestante sentado portando la careta de Guy Fawkes delante de una línea de Mossos d’Esquadra que cerraban el paso a la marea de estudiantes. Sin embargo, más allá de describir un hecho ocurrido ayer (que evidentemente ocurrió y así quedó retratado) el periodista debe preguntarse por la medida en la que su presencia, o la de su cámara, pudieron promover ese hecho. ¿El manifestante se hubiera sentado ahí si no hubiese habido prensa? ¿Se hubiera atrevido a hacerlo? ¿Los mossos hubiesen cargado si no hubiesen tenido cámaras delante? Nunca lo podremos saber.



Observemos esta otra. Mantiene el mismo simbolismo, aunque en esta ocasión el cambio del asfalto por la hierba le da, en mi opinión, todavía más fuerza. Policía cerrando una parte del parque y jóvenes sentados leyendo tranquilamente sobre el césped, desafiándoles sin hacer nada. Pero las preguntas que debe hacerse el periodista vuelven a ser las mismas, ¿esto es real? ¿Hubiese ocurrido la misma realidad de no estar la prensa en ese momento? Son preguntas sin respuesta cierta. Hay que poner en liza entonces que uno de los peores enemigos para la captura de la realidad (el trabajo primordial de un periodista) puede ser su propia cámara, en tanto que modifica la realidad retratada.

Más de lo mismo en esta última instantánea, tomada sobre las 19:15 en el mismo lugar. Sólo que en esta ocasión tengo algo más claro que esta acaramelada pareja estaba ahí para la foto, por su reacción cuando les fotografiaban. Es imposible, además, no relacionar esta foto con esta otra que hizo historia el pasado año durante las protestas de Vancouver. Los amantes lo sabían, los fotógrafos que capturamos el momento también. Es solo una cuestión de ética periodística hacer pasar esta foto por “real” o “falsa”, y habría que ser muy ingénuo para pensar que la actitud de la pareja es espontánea.

Sin embargo, no podemos tampoco sostener que ninguna de las anteriores imágenes son del todo falsas. Todas ellas sucedieron, están ahí, y como tal son susceptibles de ser utilizadas para informar de unos hechos ciertos. Otra cosa es la pertinencia informativa de las mismas, y en la conciencia y el buen hacer del informador queda el hacerlas pasar por una realidad completamente verídica o por una realidad “de artificio”.

Código abierto y ponderación contra la realidad falseada

Para evitar muchos de los problemas que puede acarrear esta destrucción de la realidad original de un hecho por la labor informativa, el periodista solo puede hacer dos cosas. La primera de ellas es ser totalmente honesto a la hora de explicar cómo consiguió su trabajo. Mostrar la secuencia completa, los vídeos, si los hubiera, y su visión como testigo de lo que ocurrió allí, tanto a su editor como a los lectores que podrían albergar dudas es un buen antídoto contra las imágenes sacadas de contesto o las realidades artificiales construidas ad hoc para la foto.

En segundo lugar, la ponderación de la relevancia es otra de las herramientas informativas más eficaces contra esto. Si el informador tiene dudas de la correspondencia con la realidad de su imagen, lo correcto es no utilizarla como si lo fuera, o al menos no darle un protagonismo informativo que suponemos que no tiene. Asunto complicado este último cuando la única ética de moda en el oficio de los informadores es la derivada del dinero.

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